Un pacto social regado con sangre

El Diablo, compañero del blog El diablo se llama Trotsky, subió este post que queremos compartir:

La verdad es que el luto de Cristina Fernández de Kirchner duró poco. Si los primeros y pequeños gestos políticos ya se vieron en la capilla ardiente, en el cortejo fúnebre, los grandes se vieron poco después… en Córdoba, en Santa Fe, en el G20 y el Club de París, con el FMI, con la UIA y las cámaras empresarias.

Estas últimas en particular son elocuentes. Tras coronar un pacto con la poderosa patronal petrolera y la burocracia de los sindicatos para garantizar producción non-stop, Cristina dijo: “No falta nadie en este acuerdo. Si llegan a cortar algo o se arma lío, los mato a todos, van todos presos”. “Fue chiste”, dijo la prensa. Sí, pero no sólo eso. Es un chiste-amenaza, otro de los sutiles modos de marcar la cancha que tiene CFK. Porque el chiste no sólo refiere a su contenido, sino a su contexto, a quien se lo dice. Les hablaba a los trabajadores petroleros, no a los patrones. Les hablaba como un patrón más.

Entre patrones el diálogo es otro. Como se vio con los empresarios negreros de la Cámara de la construcción a los que la presidenta visitó anteayer. Con ellos el discurso fue “conciliador, resaltando una y otra vez la sinergia entre empresarios y trabajadores.” Antes el titular de la CAC, Carlos Wagner, le había dicho al oído a Cristina: “Te necesitamos fuerte…” ¿Fuerte para qué? Porque el “fuerza Cristina” de los miles que pasaron por el velorio de Néstor Kirchner no es el mismo que el de Wagner y los patrones de la construcción. Aunque nosotros no lo compartamos, para ellos sintetizaba el apoyo a un gobierno que identifican con determinadas conquistas. Para la patronal sin embargo, es la exigencia de fortaleza para… seguir girando a la derecha. Porque eso y no otra cosa es lo que viene haciendo CFK desde que enterró a su esposo.

La comprobación fáctica está en sus acciones y su discurso. Un discurso de orden, como el que les propinó a los petroleros. Un discurso serio. Un discurso burgués. Como lo es el intento de imponer a los trabajadores un pacto social con la UIA, para limitar los salarios, fortalecer la alianza con Moyano pero poniéndolo en caja para que controle la calle, garantizando mejores ganancias a la parásita burguesía argentina (en una economía dominada por las empresas imperialistas) a costa de mayor explotación de los trabajadores.

Una explotación brutal como la que se cobró la vida de Ezequiel Ferreyra, el niñito de sólo 6 años que “murió víctima del trabajo esclavo que lo sometía desde los 4, cuando apenas sabía hablar y ya estaba condenado a entregar sus pequeños músculos más de 14 horas, todos los días, para enriquecimiento de la empresa avícola ‘Nuestra Huella’”, propiedad de la prima de Humberto Zúccaro, el intendente kirchnerista de Pilar.

El fortalecimiento (o la sobrevida) que logró el kirchnerismo con el “martirologio” de NK y la increíble reinvención de su “legado”, es el manto “progresista” con el que CFK avanza en este curso derechista. Pero a nosotros no nos engañan.

En otro lado explicamos por que la supuesta política de “no represión de la protesta social” fue fruto de la debilidad, no de la virtud. Pero así y todo vimos al kirchnerismo en sus mejores épocas reprimir a los trabajadores de Mafissa; apalear a los del Casino para defender a su amigo Cristóbal López; reprimir y encarcelar a los petroleros de Las Heras; reprimir con la montada a los obreros y obreras de Kraft como un gesto hacia la embajada norteamericana, para luego convertir la fábrica en un virtual campo de concentración, cuando ni siquiera levantaron uno sólo de los cortes de ruta “destituyentes” de la oligarquía sojera.

Vimos que en ocho años de gobierno el kirchnerismo se negó a darle la amnistía de los miles de luchadores procesados y que mantienen encarcelado al compañero Roberto Martino por manifestarse contra el estado racista de Israel.

Vimos que los genocidas de la dictadura, libres y en funciones gracias a que el gobierno se negó sistemáticamente a abrir los archivos secretos de la represión e invertir la carga de la prueba para encarcelarlos a todos, desaparecieron a Julio López y asesinaron impunemente a Silvia Suppo.

Vimos a la banda de “lúmpenes armados de la burocracia ferroviaria de Pedraza” cobrarse la vida del compañero Mariano Ferreyra y salir impune, como lo demuestra el hecho de que la justicia sólo procesó a siete imputados con homicidio calificado por el asesinato de Mariano, exculpando a Pedraza y toda la directiva de la UF. Esa misma burocracia infame y reaccionaria, en la que se sostuvo y se sigue sosteniendo el gobierno de Cristina Kirchner, es la que ayer paro los trenes… ¡en rechazo al pase a planta permanente de todos los tercerizados del Roca que se impuso con la lucha!

Y acabamos de ver la despiadada represión al corte en la ruta nacional 86 y el asesinato de dos integrantes de la comunidad Qom (Toba) de Colonia La Primavera “Navogoh” (Formosa) por la policía provincial que responde al gobernador kirchnerista Gildo Insfran.

Con cinismo la presidenta dijo hace unos días “Es imposible que no haya conflictos (…) el único lugar donde no los hay es en el cementerio”. Justas palabras. Porque el experimento de Pacto Social que persigue Cristina Kirchner es una verdadera “paz de los cementerios”, un pacto regado con sangre obrera y popular.

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