XX Cumbre Iberoamericana: No condenarás a tu patrón

Siguiendo con la tónica del post anterior, pasamos ahora a lo que pasó en la XX Cumbre Iberoamericana en Mar del Plata.
Cada vez que el gobierno nacional se manda una derechada los militantes kirchneristas dicen: “pero estamos con Chávez, estamos con Fidel”.
De hecho, acusan a los trotskistas de “hacerle el juego a las derechas latinoamericanas y al imperio” por no subordinarnos a un gobierno como el del Chávez que en más de una década de dominio en Venezuela no avanzó hacia ningún tipo de socialismo –pese a los discursos- sino a un capitalismo basado en los petrodólares y en el regateo con el imperialismo, que sigue dominando la economía del país hermano. A la vez, defendemos las conquistas de la revolución cubana –a diferencia de Venezuela, en Cuba sí se expropió a la burguesía-, atacadas por el criminal bloqueo imperialista, pero también por el curso restauracionista de la burocracia castrista.
Los militantes kirchneristas recurren a Chávez y al eje bolivariano porque a comparación de los gobiernos de los Kirchner en Argentina o Lula en Brasil han tenido –con enormes limitaciones- mayores tensiones en sus relaciones con los EEUU. Ni hablar de Cuba: acabar con conquistas revolucionarias siguen siendo la principal deuda pendiente del imperialismo yanqui para con la región.
Ahora Cristina los ha puesto en un brete, y estos argumentos –ya de por sí falsos- van a tener que metérselos en el bolsillo. Cristina no está con Chávez ni está con Fidel.

La mayoría de los diarios nacionales hicieron tapa con el emotivo abrazo de Cristina y Lula en la XX Cumbre Iberoamericana en Mar del Plata.
Se abrazaron un gobierno que viene de matar –de la mano de sus aliados acérrimos como la burocracia sindical y el gobernador feudal Gildo Insfrán- a Mariano Ferreyra y a tres miembros de la Comunidad Qom de Formosa; con un gobierno que está utilizando las “tropas de elite” entrenadas en una Haití desolada por la ocupación imperialista de EEUU y la ONU, para militarizar las favelas. Un abrazo sellado con sangre y balas.
Y el abrazo mostró una Cumbre –y una Unasur aunque ésta literalmente no lo fuera- dura, muy dura, pero con los bolivarianos de cuyas faldas tanto le gusta colgarse a los militantes K. Correa, el jefe de la diplomacia Venezolana Maduro y el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, pidieron una condena expresa de la Cumbre para con EEUU alrededor de los cables que salieron a la luz en Wikileaks. La verdad, no era una medida muy escandalosa. Después de que la Unasur aceptara la instalación de las bases militares yanquis en Colombia, de que dejaran pasar sin pena ni gloria el golpe de estado en Honduras, haciendo declaraciones pero no llamando a una movilización continental para enfrentar el golpe, después de que las tropas de los países latinoamericanos como Argentina, Brasil y Bolivia colaboran con el sometimiento de Haití;  Obama y Hilary Clinton deben dormir bastante tranquilos.
Pero se ve que eso no es suficiente para Cristina y Lula. Junto a la derecha continental de Piñera de Chile y Felipe Calderón de México, evitaron que saliera una condena a la acción de espionaje de las embajadas norteamericanas sobre más de 190 países del mundo. Estos presidentes “antineoliberales” como les gusta llamarse, sí que hacen bien los deberes. Hilary, que está atravesando días de arduo trabajo de “damage control”, debe haber dado un respiro de alivio cuando llegaron las noticias. El patio trasero está en orden.

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