“Tsunamis humanos”. La hipocrecía de la “buena Europa” imperialista

 

La mujer etiope se dobla de dolor y siente que no hay más tiempo. Cuando subió a la barcaza sabía que su bebé podía nacer allí, en el medio del mar, amenazado por las olas bravas que separan la costa africana de Italia. Yaeb Saba nombra a su hijo, nacido en el mar camino a Lampedusa.

La isla de Lampedusa, a 205 km. de distancia de Sicilia, al sur de Italia, es conocida también como la “puerta de entrada a Europa”. En las últimas semanas decenas de miles de tunecinos, etíopes y libios han llegado en precarias barcazas hasta sus costas buscando refugio. Desde entonces duermen en el suelo en carpas improvisadas con plásticos y bolsas de basura.

Otros 3700 inmigrantes sufrieron hambre y frío durante varios días arriba de un barco cerca de la isla, en la que no podían atracar debido a los fuertes vientos.

Según algunos medios de prensa italianos los habitantes nativos de Lampedusa han recibido con tranquilidad -hasta ahora- a los inmigrantes. Sin embargo, desde el gobierno italiano se agita una campaña racista y xenófoba contra los refugiados. La preocupación del gobierno es cómo“repartirlos” (como si fueran “residuos peligrosos”) con el resto de los países Europeos, o “devolverlos” a sus países de origen.

 Berlusconi llegó a hablar de que Italia estaba padeciendo un “verdadero Tsunami humano”, comparando a los magrebíes que llegan a  las costas italianas con la devastación que provocó el tsunami en Japón hace pocos días.

En una maniobra para zafar de la situación, el gobierno de Italia comenzó el traslado de inmigrantes a campos de refugiados situados en la frontera con Francia, para “facilitarles” la huida hacia ese país y lograr que dejen Italia. Pero la Francia “humanitaria” de Sarkozy respondió el “favor” italiano reforzando con gendarmes los puestos fronterizos para impedir el ingreso de los refugiados árabes. Italia quiere “tirarles el paquete” a sus vecinos de la comunidad europea, pero ni Francia ni Alemania están dispuestos a recibir a los miles de nuevos inmigrantes.

La hipocresía de los imperialismos europeos se muestra de forma descarnada en la crisis de los refugiados. La “buena Europa” que lanza misiles Tomahawk sobre Libia bajo el discurso de la “defensa de la población civil”, recibe como perros sarnosos a esos mismos habitantes cuando intentan poner sus pies en Europa. Lo que queda claro es que los misiles de la OTAN defienden otros intereses, los de las empresas imperialistas que hacen grandes negocios en los países del Magreb. Los refugiados justamente huyen de la miseria y el hambre que padecen en su países, producto de esa expoliación imperialista, y son tratados como basura humana cuando llegan a las fronteras de la “buena Europa”.

JL

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