Libia, nueva etapa, con final abierto


La información es confusa, fragmentaria y cambia rápidamente. Al triunfalismo imperialista del lunes le siguió una mayor cautela sobre el triunfo del bando “rebelde” y la OTAN en Trípoli (aparición de Saif El Islam y escape de otro de los hijos de la custodia rebelde), mientras continuaban los combates en la capital y se ventilaban rumores de un “repliegue táctico” de Gadafi para luego emboscar a los “rebeldes”. Ahora aparece la noticia de que los rebeldes toman la residencia de Gadafi. Veremos. Entre los cables de la CNN y las declaraciones del presidente ruso de la Federación Mundial de Ajedrez (en vez de The russians? Why the Russians?, habría que preguntar por qué el presidente mundial de la federación de ajedrez fue el elegido para recibir una llamada de Gadafi diciendo que esta sano y salvo!), más bien habría que esperar a que las cosas sean más claras. Pero algunas cosas podemos ir diciendo, como para no comernos el bluf imperialista, ni el bolivariano-gadafista. 

El proceso en Libia comenzó con movilizaciones populares contra el régimen de Gadafi, inspiradas en los triunfos en Túnez y Egipto (Libia está, “casualmente”, en medio de ambos países), que rápidamente y como respuesta a la brutal represión del régimen evolucionaron en un levantamiento popular de masas, el más radicalizado hasta el momento en el mundo árabe y que tuvo “su punto más alto en la insurrección de Bengazi que dividió a las fuerzas de seguridad y tomó el control de la ciudad, lo que fue seguido por levantamientos principalmente en el este del país, donde se concentra la riqueza petrolera. Incluso las movilizaciones llegaron a los barrios populares de Trípoli, aunque fueron aplastadas por la represión.” (completo acá)

Este fue el primer momento.

La versión del eje Chávez-Gadafi miente al decir que jamás hubo una rebelión popular sino que todo comenzó como una conspiración imperialista por el petróleo (o más bien Chávez hablaba de conspiración imperialista mientras Kadafi atribuía la conspiración a Al Qaeda, para pedir que el imperialismo que según Chávez estaba conspirando contra él, lo apoye). El imperialismo dice que sí hubo rebelión y que ellos “la apoyaron desde el principio”. Ambas versiones son falsas. Hubo levantamiento popular, sí. Pero el levantamiento amenazaba por igual intereses del régimen gadafista como del imperialismo, hasta el momento asociados mutuamente en el millonario negocio petrolero e incluso en políticas internacionales “antiterroristas” (como dijimos acá). En Febrero, Franco Frattini el ministro de Relaciones Exteriores de Berlusconi (un viejo amigo de Gadafi), dijo que: “Estoy profundamente preocupado sobre la auto-proclamación del Emirato Islámico de Benghazi. ¿Ustedes se imaginan tener un emirato islámico árabe en las fronteras de Europa? Esto realmente sería una seria amenaza”. Menos de dos meses después, el 4 de Abril, Berlusconi fue el tercer gobierno en reconocer al Consejo Nacional de Transición (CNT), con sede en la temible Bengazi. Europa, y EEUU, viraron después y solo después, hacia la intervención “humanitaria” de la OTAN.

El segundo momento es el que desata la guerra civil. La represión del régimen de Gadafi obligó a los libios a armarse y avanzar. Con sede en Bengasi se proclama el CNT hegemonizado por ex gadafistas, abogados, jueces, liberales, tecnócratas (y hasta se habla de “petroleras rebeldes” por estos días), pero con una amplia base popular que nutría las milicias. Hasta este momento, los revolucionarios nos ubicamos en apoyo al levantamiento popular, por la caída revolucionaria de Gadafi, pero sin apoyar a la dirección rebelde, planteando la  necesidad de la independencia política de los trabajadores y el pueblo Libio. Las formulaciones más concretas de esta política dependen de la situación concreta.

La dirección fue el principal límite del proceso de levantamiento popular. Agravó la debilidad de la clase obrera Libia (sin sindicatos ni libertad de organización sindical o política gracias a la dictadura kadafista), compuesta por 2 millones de inmigrantes, propugnando una política racista de acusar a los trabajadores inmigrantes de ser gadafistas y por esa vía dividiendo las filas de los explotados. Su estrategia no fue apelar a la movilización de los pueblos del mundo árabe, en rebelión contra sus dictaduras, sino convertirse ellos mismos en los gestores de los negocios capitalistas en Libia. Buscó desde el inicio el apoyo del imperialismo, intentó por todos los medios garantizar la continuidad de los negocios capitalistas petroleros (lo logró en un porcentaje muy escaso) y llegado el momento se abrazó a la OTAN como un muñeco al ventrilocuo.

Ante la intervención de la OTÁN , en marzo, se abre el tercer momento. Un enfrentamiento entre Kadafi, dictador pro imperialista cuyo objetivo era ahogar en sangre el levantamiento popular y de esta manera intentar poner un freno a la primavera árabe asestando una derrota, y el bando “rebelde” encabezado por las bombas de la OTAN que “entraron ahí para evitar una victoria evidente y con perfiles heroicos de la única rebelión armada en la región desde el estallido de Túnez, en enero último” (completo acá)

Ante esto, los revolucionarios planteamos ¡No a la intervención imperialista! ¡Fuera la OTAN ! ¡Abajo Kadafi! Y discutimos contra las posiciones que, desde la izquierda o el populismo, intentaban justificar el apoyo político a uno u otro bando. De lo que se trataría, estando en Libia, sería de impulsar el surgimiento de una posición independiente de los trabajadores y la juventud, donde nuevamente las formulaciones y acciones concretas dependerían de la situación concreta.

Con perdón al lector por hacer este extenso balance, me parecía necesario recordarlo para no caer en simplificaciones binarias sobre la situación actual. Aunque no podemos descartar que Gadafi aún no haya sido derrotado y que los combates se prolonguen; si la OTAN ganara esta batalla, como parece, esto no asegura los objetivos por los cuales las potencias imperialistas entraron en esta guerra.

Y este objetivo queda más claro cuando vemos las alertas que envía la más concentrada prensa imperialista acerca de Libia.

Para el mundo occidental la consecuencia más duradera de la caída de Kadafi puede ser una que ha recibido poca atención: el país está inundado de armas ¿qué va a pasar con ellas? 

Hay demasiadas armas en la calle, no hay instituciones políticas, no hay fuerzas de seguridad para mantener la paz, y lo más importante, una gran cantidad de ira acumulada alrededor de un régimen que ha dominado y abusado de las vidas de los libios durante demasiado tiempo.”

Otro gran libertario que apoyó la cruzada “rebelde” es el Sultán Sooud Al Qassemi, de los –como todos sabemos- democráticos y sobre todo feministas Emiratos Árabes.

Este señor pide que se reciba en las filas del CNT a todos los gadafistas, ¡incluído al general que hasta este momento está formalmente a cargo de la defensa de Trípoli! y que se solucione rápidamente el problema de las armas (propone un programa de recompra de armas) en pos de una reconciliación nacional.

Mantener el régimen Libio pero sin Gadafi, haciendo algunas mínimas reformas. Desarmar a la base popular del “bando rebelde”, es decir, desarmar a los obreros y el pueblo pobre para reconstruir “instituciones policiales y estatales fuertes”, objetivo detrás del cuál la CNT está al servicio, pero que su heterogeneidad y falta de unidad pueden comprometer.

Poner un freno a la tendencia a levantamientos populares contra las dictaduras y reestablecer la cuestionada hegemonía imperialista en Medio Oriente, haciendo ver como humanitarios a los que, con las tropas yanquis e inglesas, convirtieron en un pantano de sangre a Irak y Afganistán, con el Estado Sionista convirtieron a Gaza en un campo de concentración a cielo abierto, y con la Francia hipócritamente democrática apoyaron a las dictaduras árabes como la de Ben Alí en Túnez.

¿Logrará estos objetivos el imperialismo en medio de la peor crisis del capitalismo desde 1930? ¿Ganar Trípoli, asegura la estabilidad en Libia o ante la ausencia del enemigo común se desatará una guerra civil entre los sectores que hoy forman la heterogénea coalición “rebelde” que amenazará con repetir el estancamiento en Irak? ¿La base popular que nutrió las milicias, va a abandonar las armas así porque sí o tenderá a enfrentar a los elementos más a derecha del propio CNT que quieren una total reconciliación con el gadafismo? ¿Una vez saldadas las cuentas con Gadafi, los trabajadores y jóvenes que tienen las armas en la mano no esperarán la concreción de todas sus demandas, sin dilaciones? ¿Serán suficientes cambios parciales en los regímenes para contener permanentemente demandas profundas que no son solo democrático formales sino estructurales (25% de desocupación entre la juventud libia, entre otros)? ¿Cómo repercutirá en el mundo árabe una eventual recesión o salto de la crisis económica? ¿La derrota de Gadafi, podrá generar el efecto contrario a lo deseado por EEUU y volver a despertar la primavera árabe? Los procesos árabes, aunque contenidos, no están derrotados. El final está abierto. 


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