Varios sobre Chile y la situación mundial (más un debate con La Mella y amigos)

Escribimos este post estimulados por el aporte del compañero FR de El violento oficio, con quien dialogamos, contrariamente a lo que indicarían los preceptos federalistas y la unidad chacarera ;-), menos que con los amigos de El Diablo y otros blogs del centralismo unitario trotskista. Al igual que Fernando (déjennos develar el secreto de la F), lo hacemos empujados por las reflexiones suscitadas alrededor de la reunión de la Fracción Trotskista y, en nuestro caso, después de un plenario que decidimos hacer en Rosario, luego de saturación de pegatinas, organización de boletas, distribución de spots, agitaciones callejeras y fiscalización. Todo sea por conquistar 500 votos para la izquierda clasista…

Crisis: no empezaremos (ni probablemente terminemos) con nada original: el mundo se está convulsionando de a poco, pero a paso raudo. Desde la estrellada de Lehman a fines de 2008, vimos sucesivamente fracasar, aun cuando hubo remesones “estables”, los planes de exorcisar una crisis capitalista que emula a la del 29 y años sucesivos. Aun cuando los salvatajes estatales lograron estabilizar, la propia política de evitar la caída de grandes empresas y bancos, y por ende de “refrescar” la labor de la ley de valor destruyendo fuerzas productivas, dejando que hundan bancos, empresas o fondos de inversión “inviables” (lo cual es una apuesta de dudoso resultado) hace que no se genere un nuevo ciclo de negocios y acumulación orgánica, y que todo tienda (en el mejor de los casos) a una soporífera recesión, sino a un nuevo “Lehman”, más pesado que el de 2008. Para no divagar sobre cuestiones que otros compañeros tratan más asiduamente y con más delicadeza, remitimos al amigo Punto de Desequilibrio, pero sí nos gustaría remarcar, como primer punto, que la época que vivimos estará signada por una crisis que, como discutimos en las reuniones mencionadas, pone al día la definición leninista de “crisis, guerras y revoluciones”. El capítulo “2008” de la crisis generó 300 mil despidos y, solo en Santa Fe, el cierre de Mahle y Paraná Metal, contra toda la estupidez del desacople…

Consecuencias: como sabemos, a la lluvia suceden (a veces “suceden” previamente) los sapos, y a la tormenta capitalista se suceden múltiples fenómenos políticos, agudización de tensiones, pujas silenciosas que se sonorizan, etc. Sino, no podrían entenderse fenónemos como la inédita crisis gubernamental que vivió EEUU al votar permitirle a Obama endeudarse, pero a costa de aprobar todas las exigencia de los republican boys; la emergencia del Tea Party; el sordo desafío francés a EEUU y Alemania en Libia; las tensiones en la UE, con Alemania tratando de hundir lo más que se pueda a los “amigos” de la “comunidad”, así como las visibles pujas y especulaciones alrededor del dólar, etc. Sin comprenden la profundidad de la crisis que nos amenaza, y que augura empeorar aun más las ya baqueteadas condiciones de vida de millones, no pueden entenderse tampoco los crecientes hechos de resistencia, la proliferación de “luchas de clases y de calles”, que nos llevó a preguntar, o incluso afirmar, que estábamos en una nueva Primavera de los pueblos. La amenaza de que a futuro se agravan los sufrimientos de las masas, y la certeza de que ya está sucediendo (con los jóvenes como primeras víctimas) ha acrecentado las luchas y batallas callejeras. Francia, Grecia, Italia…

Restauración: dicho esto queremos referirnos a dos o tres cuestiones. Los compañeros Emilio Albamonte y Matías Maiello acá definían que vivíamos los albores salientes de una época que no puede llamarse menos que de “restauración”, en el sentido de que una serie de derrotas históricas (dictaduras en los 70s, thacherismo en los 80s) físicas y político-ideológicas, como la colosal caída del engendro que expropió a la revolución bolchevique a fines de los 80s, abrió un período de reacción enorme y de bajísima lucha de clases, de nulo autorreconocimiento de los explotados, de crisis “orgánica” de los trabajadores y las clases subalternas. Esa definición es clave para saber dónde estamos parados, de cuan atrás parten los explotados en sus luchas y, para decirlo en criollo, cuánto hay que remar. Unos párrafos abajo pensamos referirnos a cómo vemos que ésto afecta a las luchas de clases actuales.

Quemando fusibles: el ocaso de esta época de “restauración”, que en muchos casos es ayudado por importantes procesos revolucionarios (Argentina 2001) o de movilización generalizada (ver Europa, Magreb, etc.) ha hecho que la burguesía opte, por ejemplo en Latinoamérica, por exponer a referentes “progres” o incluso ex militantes setentistas como reaseguro de sus negocios, en un ambiente de creciente (aunque aun inicial) cuestionamiento. Esta apuesta, arriesgamos, no es gratuita: que sea normal para un gobierno que se precia de progresista, por decir algo el de Cristina, el reivindicar reformas sociales insignificantes (ni qué decir si se compara con el volúmen de ganancia empresarial), o que se vuelva hábito que frente a cualquier protesta seria de demandas populares (pase a planta, tierra, vivienda) apelar a las fuerzas represivas o al asesinato, es decir, que la “restauración” haya bajado tanto el piso de progresismo, al mismo tiempo que se apela como fusibles a “movimientos supuestamente progresistas”, debilitan estratégicamente a estas mediaciones cuando la situación se haga más convulsiva y la lucha de clases, aguda y radical.

El triste rol de los reformistas: no nos referimos solamente a gobiernos: el PC chileno se babea tanto con negociar algo con el gobierno de Piñera (que como relata la compañera Jesica Calcagno, está llenos de astillas del muñeco Pinocho), que prácticamente omiten mencionar siquiera la sangre de dos jóvenes (en realidad, niños) asesinados por los pacos, los mismos que ayudaron a derrocar a Allende. El PC, que piensa junto al PS que estos “líos” pueden servir para fortalecer una quimérica “transición a la democracia” (y recauchutar la concertación claudicante y usufructuadora del pos-pinochetismo), prefiere ni mirar de frente una realidad: que la lucha estudiantil, si se une con los poderosos sindicatos de la CUT, paralizando la minería, el transporte y el país, no solamente puede conquistar una enorme demanda popular como la educación gratuita para millones, sino tirar abajo todo el andamiaje institucional (laboral, penal, social, etc.) pinochetista. Claro que para terminar con todas las leyes y normas laborales, sociales, sindicales, educativas oprobiosas, hay que derrumbar a patadas el régimen de la transición pactada chilena, el mismo que permitió a Pinochito ser senador (¿hasta el 2002?). La lucha por una Asamblea Constituyente que discuta la resolución de la pila de demandas de los trabajadores y el pueblo pobre trasandino, es una utopía no buscada ni deseada por un PC más afecto a la rosca en despachos que a la idem en las calles: ni la muerte detiene a estos funcionaritos ex moscovitas, aspirantes precoces a diputaciones parlamentarias.

Los que los siguen: corrientes de la izquierda independiente argentina (La Mella, en la COMPA junto al FPDS), en un cóctel que une ingenuidad, cholulismo de sacarse la foto con la dirigente de la “jota”, y aspiraciones miserables, se sacudieron todo su autonomismo, y corrieron a saludar a la ciertamente vertical conducción estalina. Gobiernos progres, partidos reformistas, e izquierda autoproclamada independiente, les pesa la “restauración”, y se les aparece como un temor a todo lo que se salga de cauce, justamente cuando la lucha de clases, lenta pero insistentemente, tenderá, insistimos, a crecer y sorprender. Vean sino la cobarde declaración que sacó el Consejo Superior de la UBA a instancias de la conducción de la FUBA de La Mella (aliada al PO), que parece “reformista” de la Franja, pero no del 18.

Hegemonía obrera: no somos ingenuos ni ontológicos sobre la lucha de clases, ojo. De hecho esto discutimos en la reunión en Rosario: no creemos en la lucha de clases purificadora o redentora. O la clase obrera se pone de pie y toma las demandas de los sectores más oprimidos, es decir no lucha corporativa sino hegemónicamente, y se forjan partidos revolucionarios con programa anticapitalista y voluntad insurreccional, o la clase dominante irá separando como en una fría partida de ajedrez a los explotados, e irá derrotándolos uno a uno. O existe un partido revolucionario que se prepare para que la crisis plantee la posibilidad de la toma revolucionaria del poder, de la lucha por un gobierno de los trabajadores basados en consejos democráticos obreros y populares, o la decadencia del capitalismo vendrá acompañada con el pestilente olor de la xenofobia, del nacionalismo y, potencialmente, de fascismo.

Por ejemplo: o los trabajadores de los poderosos sindicatos ingleses, franceses o germánicos, muchos de los cuáles encaran/encararon luchas y huelgas enormes recientemente, se sienten interpelados por las explosivas expresiones de odio de los riots ingleses, de los levantamientos de las banieues parisinas, o de los “quemacoches” berlineses, o entienden que los pobres suburbanos y los inmigrantes son hermanos de clase, o las ideas derechistas y antiimigrantes no solamente va a ganar a las clases medias acomodades, sino también a amplios sectores plebeyos e incluso sectores altos del proletariado, que en casos ya ha votado a sectores de la derecha europea como Le Pen.

Guerra y escuelas: pero mismo en Latinoámerica no somos seguidores “alegres” de la lucha. Somos convencidos de que cada batalla hay que pensarla, desde el punto de vista de la estrategia política, en sentido de que la izquierda revolucionaria logre influenciar con su acción y agitación, a sectores de la amplia vanguardia que busca ir y que de hecho va más allá de los límites, por ejemplo, del PC chileno. A eso están abocados nuestros compañeros del PTR Clase Contra Clase, a sabiendas de que o eso sucede y se dan pasos (aunque sean pequeños) para forjar estados mayores revolucionarios, o estas batallas fortalecerán, en el mejor de los casos, a miserables estrategias reformistas emparchadoras. Orgullosamente, las organizaciones de la FT forman parte decididamente de las luchas de clases de los estudiantes chilenos, de los “indignados” españoles combatiendo contra autonomistas y filo-PSOE, en Argentina, en Bolivia contra la derecha y la burocracia masista.


Ejercicio y doctrina: sabemos que no es la “guerra” de clases misma la que vivimos, pero así como los generales como Clausewitz sabían que templar a la conducción de la guerra no se lo hacía solamente en la guerra misma, sino con ejercicios bélicos, batallas y doctrina y estudio de las guerras, los trotskistas encaramos análogamente estas tareas formativas para los explotados. Afilar las armas de la crítica, renovar el marxismo y la perspectiva socialista, y participar de las “escuelas” que la lucha de clases nos ofrece. Toda la labor ideológica, de publicación de textos de autores clásicos del marxismo, la actividad del IPS, la discusión “bloguera” lo hacemos en el sentido de afilar las armas teóricas para la lucha revolucionaria, nunca como cobertura canónica de una práctica sindicalera o cortoplacista. Esta labor, en el aniversario del asesinato del gran estratega junto a Lenin, de los trabajadores, León Trotsky, cobra más fuerza. Pero la participación en huelgas, y la política de convertir las luchas en grandes batallas ejemplificadoras, para educar a un amplio sector de obreros, estudiantes e intelectuales, en reconocerse como una potencial vanguardia revolucionaria que oriente a las masas en los momentos decisivos, es decir, en construir su propio partido. Tal vez hoy más no se puede, pero menos tampoco: somos patriotas de nuestra época pero luchamos por el futuro y así nos preparamos.

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