Brisas calientes desde un futuro cercano (de Italia a la discusión sobre la hegemonía K)

Primero me atajo: no me gusta ni voy a hacer futurología. No voy a decir “lo que va a pasar”, sino cómo veo algunas coordenadas actuales. Me gustó el conciso post del patagónico Dal Maso, que escribe sobre los alcances y los límites de la recomposción del régimen político post 2001, a días de que un compañero ceramista de Zanon, fábrica emblema de la resistencia obrera a la decadencia del “imperio convertible”, asuma como diputado. Paradoja de la Argentina moderna…
Quisiera agregar algunas cosas y responder a alguna otra (el compañero FR discute también aquí).

I
Antes que nada, creo que la situación internacional no debe ser tenida en cuenta como un mero “marco” o teatro donde suceden los acontecimientos centrales de la vida política nacional, sino como un verdadero “método” de partida, un condicionante de la posibilidad de construir hegemonía burguesa, y por ende de conocer su alcance y su durabilidad. La hipótesis kirchnerista del desacople no era solamente irresponsable en lo político, sino también una brutalidad teórica ya que confundía negocios inmediatos producto de la especulación (de granos, por ejemplo) apenas pegó la crisis, con la posibilidad de que un país como Argentina, cuya principal actividad económica depende de la posibilidad de exportar autos a Brasil y soja a China, es decir de la economía internacional, pueda subsistir y mantenerse arriba en medio de una crisis como la desatada por Lehmann Brothers. “En el dominio económico -citamos a Trotsky- las crisis y recrudescencias de la actividad constituyen las ruptuas y restablecimientos del equilibrio”. El 54% de Cristina será muy importante pero no escapa a esta verdad.
En la crisis del 2009, el kirhnerismo creyó tener la fórmula para enfrentar la crisis enorme que se abrió (Repro, uso de reservas, subsidios desde ANSES, conciliaciones obligatorias), lo que igual no evitó la caída de 300 mil puestos de trabajo y el cierre de empresas como Mahle y PM. Pero fueron “solo” esos los efectos, porque la monumental intervención de la Reserva Federal norteamericana y del Banco Central Europeo limitó la quiebra de bancos y de empresas como GM. ¿Cuál hubiera sido el “margen de acción” del estado argentino si la crisis no se hubiera coagulado en esa etapa? Y por ende, ¿cuál será a partir de ahora, con la situación abierta en Europa? ¿Cómo impactaría sobre las reservas una “pequeña” caída del índice de crecimiento chino de, digamos, 2%, con su consiguiente caída en el consumo de yuyo verde?
Opté por una cita de Trotsky porque creo que la discusión que hace sobre “equilibrio” (o ausencia o tendencias a la ruptura del mismo), permite discutir contra el reduccionismo económico (al incorporar el rol de los propios estados o el de las clases en pugna) y el catastrofismo, pero al mismo tiempo explica cómo la economía penetra todos los fenómenos políticos, ni qué decir en países dependientes. (Gramsci en su “Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerzas” polemiza contra los economicismos, pero no creo que nuestra visión, ni menos la de LT, deba defenderse de esto).
Grecia tambalea y no es un país menor, una simpática Meca turística con su Acrópolis, sus playas hermosas sobre el Mediterráneo, etc. La amenaza de default o de estallido revolucionario (o de ambas cosas) en este país, puede arruinar el plan alemán de hundir lo más que pueda a los hijos de Aristóteles, pero sin que se lleven puestos a sus propios bancos y empresas, acogotando al mercado común europeo. Luego, Italia es Italia, lo que suceda en la tierra del Duce Berlusconi, es directamente inquietante: entre tanta orgía con menores prostituídas, el propio Zar dio cuenta de ello, y ofreció a la UE su único gesto heroico, inmolarse aprobando el sacrificio de ajuste, de ataque a trabajadores y jubilados que exije el Capital europeo. Aun así, no confío en que aun con los fusibles quemados de Papandreu y Berlusconi, los recambios políticos sean efectivos para convencer a trabajadores, estatales, jubilados y jóvenes que deben empeorar sus condiciones de empleo, quedar desempleados, jubilarse más ancianos, recortar sus vacaciones, aumentar ritmos de producción, empeorar sus seguros de salud, para que los bancos de Europa sigan especulando con sus ahorros.
Como el “viejo topo”, como el fantasma que hostigaba desde el viejo Manifiesto Comunista, la lucha de clases pondrá a los trabajadores de Europa frente a frente con su responsabilidad histórica.
Antes de opinar sobre los alcances o límites de la construcción política oficial ¿qué clase de hegemonía política puede consolidarse en un país como Argentina, en este tembladeral? Un chistecito: tal es la importancia sobre Argentina de la crisis en Europa, de la fuga de dólares, de la devaluación de Brasil, y de la presión inflacionaria, que Amado Boudou suspendió un viaje, algo inédito hasta ahora (que suspenda sus pasatiempos). ;-).

II
El compañero Juan Dal Maso sostiene, y la realidad lo acompaña en esta afirmación, que vivimos el mayor momento de recomposicion estatal desde el 2001. No hace falta comparar con los diputados siendo corridos, los policías golpeados en las escalinatas del Congreso, Juan Alemán siendo apaleado, los bancos martillados, aunque no viene mal refrescar esos días de actividad popular desplegada a flor de piel, tan apasionantes fueron. Uno compara al presidente Chupete yéndose en helicóptero, y ve a Cristina vencer todos los índices de popularidad, y se tienta a pensar “etapa superada”. Sí pero no.
Sí, porque hay un régimen que fortaleció cualitativamente la figura de la presidenta, curiosamente no solamente por lo que sectores sociales amplios reconocen que “hizo”, sino también porque el deceso de NK hizo que herede el halo de heroísmo que muchos descubrieron en él. A su vez, la presidenta derrama popularidad sobre el resto de los lideres (fundamentalmente intendentes y gobernadores), mucho más apegados a la gestión gris financiada desde la Caja Nacional, que al carisma y la popularidad.
Pero no, porque en la medida de que lo que llamamos en distintos posts y blogs “bonapartismo” es una hiperconcentración de la politica en la figura presidencial, esto convierte en endeble a todo régimen. El kirchnerismo no construyó fuerzas orgánicas propias y legitimadas ni para contener a la juventud, ni para organizar movimientos de desocupados que no sean los “MMSS” gestionados clientelarmente, ni para moldear un nuevo movimiento sindical. Frente a la poderosa clase obrera argentina, cuenta con la misma burocracia que en los 90s (ya sea en su versión desgastada “combativa”, el moyanismo MTA, o en su versión renovada de los Gordos, ahora mimados).
Ante este panorama de no construcción, dentro del kirchnerismo quedan dos opciones, ambas fallidas: o embellecer a la burocracia sindical haciéndola, en un pase de magia, “propia”, creyendo que se aggiornó, o exagerar los alcances de la “juventud divino tesoro”. En los sectores de la juventud que simpatizan con el kirchnerismo, es mucho más fuerte el sentimiento de un sector de que Néstor y Cristina fueron los mejores políticos que conocieron, que la construcción orgánica de un movimiento real, militante, a pesar de haber contado con 8 años en el gobierno. La Cámpora, que se abraza con Santos el asesino de militantes, que milita para Insfrán, que se llena de caudillitos sin trayectoria que entran por un cargo, no puede ni osar hacer creer que es la continuidad de la Tendencia que, diferencias de estrategia aparte, tenía un poco más de alma que este tinglado de chetos tristes. Si en 8 años el kirchnerismo luego de haber coqueteado con la transversalidad y con la idea de avanzar hacia un régimen político de nuevo tipo con coaliciones ideológicas de “izquierda” y “derecha”, hoy se apoya en la Triple B (bonaerense, barones, burocracia) del peronismo clásico, es una confesión de renuncia de objetivos “orgánicos”.

III
Parafraseando a Gramsci: ¿fenómeno de coyuntura o fenómeno orgánico? Probablemente más que lo primero pero seguramente mucho menos que lo último. Logra recomponer el “consenso” de la autoridad presidencial, claramente. Pero las fuerzas fundamentales del estado, las FFAA, acarrean un desprestigio fenomenal desde el 76; las fuerzas de seguridad creo que están peor que “no ser saludadas” en las esquinas, como plantea Juan, sino que están involucradas diariamente a los hechos resonantes del crimen organizado. Sí existen, a diferencia del 2001, figuras populares de la política burguesa, pero el olor a hegemonía kirchherista se disiparía (se disipará) si uno solo de los factores se altera: Cristina. Si aceptamos que el “orden nuevo” establecido con fuertes dosis de consenso electoral post 2009, de modificarse el factor “presidenta”, se convertiría en fuerzas centrífugas, tendencias a la dispersión y competencias fraticidas, aun si la crisis no pegara de lleno (y si lo hiciera, más), ¿hasta dónde llega el alcance de la “hegemonía” kirchnerista? ¿Puede haber un fenómeno como el actual, que contenga a jóvenes impúberes de política, a intelectuales, a sindicatos, a movimientos sociales, si se cambiara una sola cosita, a Cristina por Scioli, o por Gioja, o por Urtubey? Categóricamente no: una hegemonía que se sostenga entre tanto algodón, no es tal, o es muy enclenque.
La Gran Política burguesa post 2001 incluyó la gran contención de la CGT que pasó de hacer 15 paros a De la Rúa, incluido uno el tardío 13 de diciembre de 2001, a desaparecer y archivar las huelgas para que se asiente, primero, Duhalde y, luego, el kirchnerismo. Pero la burocracia sindical pudo hacer eso por condiciones objetivas y subjetivas de retroceso en el MO que hoy, como mínimo, son diferentes. Esto es muy, pero muy importante saberlo no solamente en debate con el peronismo (que tiene frente a sí a un MO mucho menos espontáneo y simpatizante que, por ejemplo, bajo el peronismo de Perón), sino también con una izquierda que en el 2001 festejó alegremente la piqueterización de la clase obrera sin ver que era, en un sentido, producto de derrotas, y que ahora no termina de ver el enorme peso de la clase trabajadora, de sus luchas y de la importancia de estar adentro, como hace el PTS.

IV
Sabemos que el gobierno, así como pegó volantazos y convirtió una derrota como la del 2009 en una ofensiva cultural que lo relegitimó parcialmente, ahora frente a escenarios de crisis políticas o económicas puede y actuará para sobrevivir y fortalecerse, pasando de políticas conservadoras a medidas “chavistas”, o vice versa. Aun así, resultan reveladoras las medidas inmediatamente antes o después del 54%. La bendición a Soria, la detención de Sobrero, la reunión con Obama, la condena a los cortes de calle, la Megacausa contra los dirigentes de la lucha de Kraft y figuras solidarias, la reivindicación de un capitalismo en serio, el cerrar filas con la UIA, son muestras gráficas de la orientación que, por ahora, le imprime a su segundo mandato. Claramente pro empresarial, marcadamente “anti-lucha”, moderadamente contenedor de las aspiraciones obreras y populares. Si efectivamente la orientación cristinista es apoyarse en los “gordos” para desplazar a Moyano, es probable que la izquierda revolucionaria se vea en frente a luchas muy duras, pero también a posibilidades de construcción crecientes en un MO que, aun hoy con el 54%, alberga al fenómenovigente del sindicalismo de base que viene de ganar la gran autopartista Lear de Zona Norte, la tercera fábrica del SMATA en importancia en Zona Norte, luego de Ford y VW, que se suma a la “víbora” subversiva de Kraft, Pepsico, Donnelley, por mencionar algunas, organizadas en el periódico Nuestra Lucha, que impulsamos desde el PTS.
El gran peso que logró la izquierda con el FIT, debe estar puesto al servicio de la construcción no meramente agitativa o parlamentarista, sino de una herramienta que se pruebe en los combates de clase y de calles. La crisis se va a desarrollar por lo que esta tarea es más acuciante aun.

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