Las consecuencias involuntarias de algunos “actos” (5 días que presagian un 2012 movidito)

Colaboraremos con los aportes de los compañeros FR y de El Diablo. Creo que pronto ameritará que hagamos nuevos posts sobre una de las medidas más derechistas de todo el kirchnerismo, la aprobación de la Ley antiterrorista que condenará a todos los que “impulsen acciones con intención de forzar a un gobierno a hacer o dejar de hacer algo”. Es decir, todos los explotados y aprimidos. Muy grave. Pero hoy nos meteremos con el acto de Moyano.

El bloguero kirchnerista Mendieta dice por Twitter, apenas terminado el acto en la cancha del Globito: “Moyano está negociando, no pasa nada”.

En un punto, claro, tiene razón: Moyano siempre negocia. Es decir no es, digamos, un defensor de principios. Fue parte de la CNU loperreguista (cosa que ahora van a “descubrir” muchos K que ayer lo veían como un camarada), y luego apoyó al gobierno que se decía “contra la impunidad”; concedió a hablar de desaparecidos, pero encabeza homenajes a José Rucci, paladín de la Burocracia Sindical y “mártir” de la derecha peronia.

Moyano hoy parecía haber leído el recíén salido número de La Verdad Obrera 😉 y decía “que la crisis la paguen los empresarios”. “Pegue, Hugo, pegue”, podría pensar un desprevenido. Pero este Hugo, fue el mismo que impulsó los paros que fueron aguijoneos letales contra De la Rúa, el que sacó, como el Mago mandraque (aunque ayudado por 22% de desocupados), al movimiento obrero los días previos al 20 de diciembre de 2001, y el que se puso a negociar (y logró) que de la crisis se salga devaluando el peso, osea, pagándola los asalariados. Desde ese punto de vista (solamente desde ese), Mendieta tiene razón: Hugo es muy versátil y está regateando.

¿Pero es solo esto? No: toda negociación o escaramuza, planteada de manera extrema, puede abrir una guerra aun cuando ambos contendientes, a priori, consideraran que lo ideal es no hacerla. Me parece que este puede ser el caso.

Moyano, en tanto dirigente burocrático que encabeza la CGT y que es parte de la familia justicialista, cuida con celo su rol burocrático y su función de “bombero”, por eso en el acto reivindicó su pérfido rol de “bancar las cosas cuando las papas quemaban”, eufemismo para decir que no hizo un paro nacional ni cuando Duhalde mató a Maxi y Darío, ni ante la devaluación, ni por ninguna medida económica o ataque político (una veintena de muertos). Así, retrocede negociando y pegando. Retrocede, porque renuncia al cargo de jefe del PJ bonaerense. Pero este mandato terminaba en Marzo y era imposible que sea reelecto, por lo que un fin anunciado, lo convirtió en un hecho político anticipado, una ampulosa mini-maniobra defensivo-ofensiva, para decir “soy más autónomo de lo que creen, y si realmente se dan cuenta de que soy más util que los denigrados “gordos” para afinar la sintonía, acá estoy. Pero no jodan con Perón, no se metan con Moyano”.

Lucas Carrasco, citado acá,  en un análisis superficial y, para mí, poco creíble (o creíble solamente en espacios artificiales como el piso de 678) hace una loa irresponsable al bonapartismo personalista y afirma que Cristina “se la banca” contra Clarín, los yuppies, el Campo, la Bonaerense, el PJ, Moyano y, si viviera, Martín Karadajian (este último lo agrego yo).

Sin embargo, respondo que bonapartismo en un país como el nuestro, es el intento de un gobierno de elevarse por sobre las clases y fuerzas fundamentales y conducir, terciar, pegando y concediendo a un lado o al otro. Pero es el intento de hacerlo, no necesariamente el éxito, ni menos el éxito duradero.

Desde ese punto de vista, nosotros venimos analizando que las bases de sustentación real del peronismo son las tres B, cuestión que el kirchnerismo no quiso (pero tampoco podría) transformar. Al intentar reconstruir ese poder dañado en el 2001, compañeros como FR lo llamaron “restaurador”, lejos de la “revolución pasiva” que quería ver Artemio y otros.

Ahora bien, Cristina reconoce esa dependencia, pero aprovecha también el peso político propio (54%) para no depender tanto ni ser rehén, por eso encara peleas que van, me parece, más allá de su fuerza real, y la de sus brigadas incondicionales que, estratégicamente, son pura espuma (La Cámpora, por ejemplo).

Estas pujas, de riesgosas e inestables consecuencias, tuvieron un capítulo donde las BB bonaerenses (policía y barones) pusieron un cartel de Pare a los camporistas, terminando en una inquietante crisis política.

El segundo capítulo, claro, y más jodido, es el acto de Moyano, que no casualmente hizo apelaciones a la memoria del “General”, que son coquetos guiños a los compañeros pejotistas. Las malas lenguas dicen que Moyano, que tan mal se llevaba con el motonauta, ahora se lleva bien y se reúnen. Danielito, recordemos, quiere ser presidente. Esta reconciliación, ¿es casualidad? De ninguna manera.

Pero el segundo nivel en el que pienso la crisis con Moyano, es el más explosivo, y el que más tiene que reflexionar el PTS y la izquierda, porque es el que se refiere al movimiento obrero mismo, más allá de su burocracia parasitaria.

Moyano no solamente habla en tanto dirigente peronista sino que también, de manera laberíntica, misteriosa y deformada, como “expresión” de los sindicatos que “dirige”. De ese modo, frente a un gobierno que pinta de “manos vacías” desde el 2012, con paritarias planchadas, tarifazos, ataques a los sindicalistas, con un recambio derechista en la CGT (con Caló, Pignanelli o el buchón de la UOCRA) Moyano se preserva en su discurso combativo-MTA. Por eso la frase “reclamar no es extorsionar”, por más motus nos sanctos con que la diga Moyano, 1) abre legitimidad para que sectores del nuevo sindicalismo de base se sienta confiado para salir a la lucha; 2) marca una tensión objetiva que hay entre un gobierno que cambio el “nunca menos” por un “nunca más” social, con las expectativas de mejoras en la calidad de vida de millones, particularmente asalariados; 3) confirma que el 2012 va a ser un año de lucha de clases que los revlucionarios tienen que intervenir y aprovechar, más allá de Moyano y más precisamente, contra él.

Desde este punto de vista, más allá de Mendieta, las tendencias a la confrontación, citando a un compañero, se elevan hasta los extremos, incluso más allá de sus expectativas iniciales.

Cristina, subida al caballo de su relación de fuerzas, puede creer que con la Cámpora le canta quiero vale 4 a los experimentados pejotistas, o con Garré torea a Casal, Scioli y la Bonaerense. Pero esa opción es temeraria y el gobierno debería tener fresca la última vez que se pasó de la relación de fuerzas (resolución 125).

Los movimientos sociales como el Evita, por su lado, que viven como lactantes de la “caridad” del estado nacional pero también de los municipales, quedan incómodos: ya no solamente apoyan al gobierno que se apoya en los asesinos de Qom, de Cristian y Mariano Ferreyra, etc., sino que se pavonean con los intendentes que mandaron la yuta… ¡a La Cámpora! Scioli y Rabolini aun aparecen en la presentación del programa del Chino Navarro en 26 TV. ¿Montonerismo con intendentes ruccistas y loperreguistas? No va…

Encarar una puja pejotista con Moyano y los barones, y al mismo tiempo una guerra al movimiento obrero (y sobre todo a su vanguardia) va mucho más allá de lo que el kirchnerismo cristinista puede hacer, ya que son fuerzas reaccionarias, las primeras, o potencialmente revolucionarias, la segunda, mucho mayores que un 54%.

Cristina ya se creyó desacoplada, y ahora se la ve tomando medidas económicas antiobreras inesperadamente. Ahora, “inesperadamente”, luego de jactarse de ser el gobierno de las paritarias y de los trabajadores, se planta como el gobierno del techo salarial y la UIA. Esto puede hacer que surja otra cosita inesperada: la emergencia se sectores combativos del movimiento obrero, y el fortalecimiento de corrientes clasistas y revolucionarias en los sindicatos y la juventud, aprovechando las pujas y divsiones de los de arriba, del PJ. Es decir que la izquierda revolucionaria, que sintomáticamente se vio apoyada por más de 660 mil votos en medio de un momento de “paz” y con un gobierno del 54%, mucho más en el contexto de una crisis capitalista enorme, ya ve actualizadas las posibilidades de construir un partido revolucionario de vanguardia con peso en la intelectualidad que gire a izquierda, en las concentraciones obreras más fuertes, y en los principales “focos” de jovenes y estudiantes. Esto es lo que se propone el PTS y desde ahí pensamos las tareas.

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