Desapariciones y muertes, en Once, de nuevo (caliente y en caliente)

Siempre rechacé la idea de usar el concepto de desaparecido en cualquier otra situación que no sea la de la inédita y brutal sustracción que hizo la última dictadura sobre miles de militantes políticos y dirigentes obreros. No hay nada que haya igualado, hasta hoy, la masacre organizada en 1976, y la sensación nauseabunda de vacío que provoca, justamente, la desaparición.

Pero contra mis propios instintos, me surge la comparación. Habla, con el tono respetuoso, pausado, que contiene el drama, ese que suelen usar los pobres frente a las cámaras de TV, un joven. Busca a Marina Moreno. No está, Marina no está. Salió, quien sabe desde dónde, tomó el tren en Castelar, Haedo, Morón, quizá desde la cercana Caballito, para ahorrarse la molestia de subirse a un abarrotado 132. Luego Marina desapareció. A las 8 y 32 su tren, su reemplazo de 132, falló, no frenó, chocó, y Marina Moreno desapareció, entre fierros retorcidos, entre celulares que chillan al lado de cuerpos que duermen la siesta involuntaria. ¿Viva, muerta, Marina? Desaparecida por ahora.
Hace poco, un chofer de colectivo pasó, latigueado por dos GPS (uno mental y uno eléctrico), una barrera claramente rota en Flores: lo chocó un tren de la misma línea Sarmiento y hubo decenas de muertos. Ese día, la hipocresía se hizo voz, una vez más: error humano. Pero la barrera está rota. Error humano. Pero está levantada y da señales ambiguas. El error fue del chofer. Incluso gente de a pie se prende con esta campaña y señala al cadáver condenado del chofer, olvidando adrede de cuando piden prisa al chofer esos días en los que, en vez de acusadores, son pasajeros.

Marina y decenas de personas aun no aparecen.

Habla Juan Pablo Schiavi. Si Perón decía que para construir en política hay que usar ladrillos hechos con mierda, Schiavi no cotiza ni siquiera como estiércol. Este funcionario, fue nada menos que jefe de campaña de Macri y ahora posa de rebeldón nac y pop. Fue uno de los que tramaron la muerte de Mariano, con su colega Tomada y con el burócrata menemista Pedraza, aun afortunadamente preso. Este responsable de detener, con Aníbal, burdamente al Pollo Sobrero, transa con empresas como TBA, a la que atragantan de subsidios, mientras no hace una sola inversión y mientras los trenes se deterioran, se quedan sin frenos, chocan, asesinan. Schiavi habló y dijo la peor basura que podía vomitar: “esta gente tan ansiosa que se concrentra en los primeros vagones para salir rápido”. Millones que viajan en el Sarmiento, en el Roca, en todos los trenes de Argentina en busca de sueldos de 2500 pesos, negreados, son acosados por relojes patronales con agujas tiranas, viajan como animales sin derecho a nada que se parezca al gozo, venden sus horas a déspotas propietarios y, encima, para el kirchnerismo, son responsables de su propia muerte. Por ir ansiosos, juvenilmente apurados, deseosos de ir a pararse por 12 horas al ladito del horno de Fel Fort, o a barrer una calle, o a limpiarle la mierda a un anciano en un geriátrico. Así es como trata el capitalismo a sus siervos. Si viven, los mata. Y si mueren, los mata.

Tanto es así, que no existe estupidez más grande que acogotar los cuellos de los trenes. No hace falta más que ver los nudos enormes de decenas de vías en Rosario, Capital o Ingeniero White, para concluir que la anarquía voraz y mezquina con la que se mueve el capitalismo, mimado por el menemismo, el radicalismo y el kirchnerismo, es tan asesina como estúpida. Se liquida un medio de transporte rápido, económico, seguro y no contaminante como el tren, y se empuja a rutas y autopistas a millones que chocan y mandan hasta el cielo las cifras de muertos en “accidentes de tránsito”. Una vez más: la desidia corre por cuenta de los empresarios y políticos capitalistas, las muertes por cuenta del pueblo trabajador.

Once concrentra dos de las peores masacres contra los trabajadores, separadas por pasos: la oprobiosa noche de Cromañón y esta masacre ferroviaria. Las dos se dieron bajo el kirchnerismo, y para algunos puede parecer un mero hecho cronológico. Sin embargo, como explicaba Freud hablando de otras cuestiones menos palpables: los accidentes no existen. La desidia, el desprecio orgánico con la que los capitalistas tratan a la vida misma, en general, y a la vida de los miserables en particular, es lo que explica Cromañón, la masacre de Once, así como también que sea normal matar militantes en manifestaciones, volar por los aires montañas para llenar de oro los despachos de parásitos sociales, amputarse en un taller, y otras delicias que nos reservan a los muchos que no somos dioses en este Olimpo del egoísmo.

Ya hay cinco decenas de muertos, muchos desaparecidos, y humildes que lloran no haber podido ayudar, por estar atrapados, herniosos, inconcientes.

Hoy miles de familias no dormirán, por ver arrancada una parte, una hermana, un padre, un cuñado o una novia. Empresarios de trajes italianos, y funcionarios políticos que señalan al negrerío por viajar apretados y tener supuestas tendencias suicidas, cuidarán su kioskito, revisarán el comunicado, que habla mucho y dice poco, para que pulcramente los deshaga de cualquier índole de responsabilidad, cuidando el futuro. Total, los políticos capitalistas saltan como saltimbanquis y, como la basura, se reciclan. Serán, mañana, duhaldistas o cavallistas, como ya lo fueron ayer.

Para el pueblo trabajador, o al menos para mí, estas fechas son de dolor hoy, de reflexión, mañana, y de acción ardorosa, luego. Así es como trata el sistema capitalista a “sus hijos”: los amputa, los mata, los empuja a laberintos odiosos de fierros retorcidos. La vida, sin embargo, es hermosa, solo hay que sacarle estas telarañas que la enlutan, liberarla de la pelusa capitalista. Para que vivir sea hermoso y morir, algo natural, y no una decisión inconsulta de asesinos sociales.

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10 Respuestas a “Desapariciones y muertes, en Once, de nuevo (caliente y en caliente)

  1. brutal recuento de una historia que ya vimos y seguiremos viendo hasta que acabemos con ellos los malditos asesinxs!!!

    • Gracias Octavio. Es la lectura que me hacía falta para enfrentar el día de mañana a todos los “peritos ferroviarios”, los expertos en subsidios y politiquitos de oficina. Gracias por tanto sentimiento y claridad.

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  4. Señor Octavio: parece que ya todos se olvidaron que el año pasado SE CAYÓ UN EDIFICIO ENTERO, a unas 10 cuadras de Once. Que gracias a que una arquitecta unas horas ordenó vaciarlo, sólamente UNA PERSONA fue la que murió, la que también estuvo desaparecida por unos días. Perdón, me olvidaba que en este caso el responsable era el Ing. Macri, y que por eso esto ya pasó al olvido.
    Mis saludos

    • Ale: resulta un poco asqueroso tu razonamiento de “ok, tenemos 50 muertos por bancar a empresarios lúmpenes asesinos como Cirigliano, pero a Macri también se le cayó un edificio. Como militante socialista condeno, repudio la desidia que llevó a Macri a ese asesinato, con el mismo énfasis (aunque en este caso 50 veces más) que rechazo el asesinato sin atenuantes de los trabajadores y jóvenes de Once. Creo que los kirchneristas que quieran salvar algo de dignidad, deben decir sin agregados, ni comas, ni condicionantes: “sí, en esto fallamos y es algo grave, gravísimo, oprobioso”. No es, por ahora, lo qu vos hacés. Saludos. O.

      • Octavio: quizás no haya sido claro al escribir mi comentario. Realmente estoy completamente de acuerdo con tu visión sobre el “accidente”. Sólo quería remarcar que hubo un caso cerano en el tiempo en el que una persona ordenó vaciar un edificio que horas después se vendría abajo, salvando las vidas a muchas personas, y para muchos medios (no tu caso por supuesto) este hecho quedó en el olvido como si nunca hubiera pasado. Sólo era recordar esa circunstancia y no sacarlo el horror ni justificar lo injustificable, tal como lo escribiste. Mi intención era sumar y no restar, como creo que vos entendiste mis palabras.

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