A 10 años de ese 26 de junio: hardware y software de un régimen de impunidad

(Con este post, vuelvo a meterme en esta segunda etapa del blog La troska Rosario).

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El 26 de junio de 2002 el duhaldismo puso a prueba al régimen que había recauchutado luego de la emergencia obrera y popular de fines del 2001. Hacía falta una demostración de fuerzas para aplomar el poder acumulado.Image

Las clases medias no habían obtenido todo lo que perdieron con el corralito, pero habían logrado más de lo que esperaban con la “indexación”, por lo que muchos de los Nito Artaza pasaron de ser piqueteros (chistín), a sedientos pedigüeños de “orden”. Estos sectores habían jugado un rol levantisco y revolucionario pero ahora se enfriaban, volvían a su posición original y rechazaban todo lo que les recordara al abismo del despojo, del 2001. La llamada alianza del “piquete y la cacerola” había sido suficiente para derrotar el estado de sitio de De la Rúa, para rodear de solidaridad a Brukman frente a los desalojos, y para evitar hasta ahí la represión a cortes de ruta y de calles, pero lentamente se había debilitado, corroído. Y, sobre todo, mostraba lo insuficiente que era para enfrentar a un gobierno del peronismo puro y duro.

Lucha armada (por el Estado)

La jornada del 26 de junio fue tomada como un test por el duhaldismo, que armó una campaña mediática de demonización con dos espadas centrales, Clarín y Radio 10, mimadas luego por el kirchnerismo. Se instaló, apoyándose hábilmente en el neoconservadurismo clasemediero, que los piqueteros querían demoler el precario equilibrio logrado y generar caos. Aníbal Fernández, el ídolo de los niños K, ya en ese entonces sembraba disparates y decía que “en un Congreso se discutió la lucha armada”. Lo único armado era un escenario para generar el escarmiento, meter miedo, aclarar que en Argentina mandaba el PJ. Se creó una campaña fascista de pé a pá.

La fecha elegida fue una importante medida de lucha. No fue una jornada piquetera solamente, sino una acción conjunta de organizaciones piqueteras combativas junto a las fábricas ocupadas Zanon y Brukman, cuyas demandas eran parte del pliego petitorio. Las organizaciones intentaron avanzar sobre varios de los puentes de acceso a Capital, pero fueron repelidos. En el Puente Pueyrredón, se sabe, comenzó una cacería que abarcó cuadras, que incluyó rastrillajes en círculos concéntricos, locales reventados, balaceras sin control, y que culminó con las cámaras filmando al cuerpo sin vida de Maxi Kosteki, y al dirigente Darío Santillán, que se quedó a asistirlo en una Estación Avellaneda militarizada, siendo asesinado. Darío moría en vivo, mientras chacales bonaerenses reían a su lado. Ese día morían dos militantes políticos. Para muchos de los que el momento político abierto en el 2001 fue la experiencia militante más fuerte, esta fecha fue marcada a fuego, ya sea que militáramos en el trotskismo, o el movimientos sociales autónomos. Murieron dos compañeros de todos.

En cuanto a la correlación de fuerzas del momento, lo de Maxi y Darío fue una imagen tan terrible, que fue “demasiado”, incluso, para una clase media derechizada: Duhalde hipotecó su futuro político y comenzó la búsqueda de un candidato que, finalmente, fue Néstor Kirchner.

Hardware

Con Duhalde, que asumió luego de una seguidilla de presidentes fallidos, llega al poder el sector burgués que pugnaba por la devaluación, frente a las empresas de servicios y bancos que querían imponer la dolarización (y que, aunque no lo lograron, amasaron fortunas igual). La UIA, orientada por (¡otro deja vu!) Ignacio De Mendiguren, era el corazón de este sector burgués entreguista en los 90s, y súbitamente “mercadointernista”, que fue apoyado por Moyano y De Gennaro, referentes de la Mesa de Enlace entre el MTA y la CTA. Independientemente de roces eventuales o rupturas abiertas (Clarín) posteriores, este es exactamente el mismo sector capitalista que se benefició bajo los tres mandatos kirchneristas, en los que nadie osó en cuestionar la devaluación del peso y del salario.

Yendo a su esqueleto, el duhaldismo reposó su poder en el verdadero “hardware” del poder burgués en Argentina, lo que Matías Maiello llamó “las 3 B”: 1) la burocracia que congeló la actividad de un movimiento obrero golpeadísimo, evitando que sea una Huelga General revolucionaria la que voltee a De la Rúa y permitiendo que Duhalde se asiente; 2) los barones justicialistas que controlaban las barriadas y a los pobres; 3) la policía bonaerense que controlaba las calles. Este entramado de “poder real” puso a prueba su vigencia el 26 de junio.

La crisis causó un nuevo candidato”

Kirchner no es hijo del 19 y 20 de diciembre, como quieren creer sus deudos, sino que es hijo bastardo del 26 de junio de 2002, una de las fechas más oprobiosas de la frondosa historia de masacres nacionales. Fue el candidato ungido por el asesino de Maxi y Darío. Y eso no es poca cosa.

Operación (encubrir la) Masacre

A pocos días del décimo aniversario de este asesinato, el único condenado por el hecho, el comisario Franchiotti, es premiado con el traslado a la UP N° 11, de régimen abierto. No sorprende. Si el aparato bonaerense, la burocracia sindical y las policías provinciales son el hardware del poder real, el kirchnerismo a lo sumo es un sofisticado “software” que buscó camuflar (cada vez con menos éxito) que todo su su pretendido progresismo se apoya en los toscos procedimientos de estas instituciones proto-fascistas. Más aún: cada uno de los responsables políticos de la masacre del Puente Pueyrredón fueron parte del inventario que absorvió Néstor. Aníbal F., Secretario General de la Presidencia de Duhalde, ocupó los dos puestos claves del Gabinete K (Interior y Jefatura); Solá fue el gobernador de Duhalde y de Néstor y Cristina, hasta bien entrado 2008; Carlos Soria fue el candidato del kirchnerismo en Río Negro, donde ejerció hasta que su mujer le voló la cabeza. Había sido Señor 5 y planificador de la Masacre. Y, como dice Les Luthiers, siguen siguiendo…

Un crimen que no solamente implicó a una persona sino al conjunto de una institución im-pre-scin-di-ble para gobernar, como es el PJ, en el kirchnerismo solamente podía terminar de un modo: impune.

Más allá de las disputas con Scioli, centrada en el objetivo de esmerilar un posible candidato peronista bendecido por Clarín, Néstor y Cristina se apoya(ro)n de lunes a domingo en las instituciones mencionadas: en los sindicatos se bancó en Moyano como continuidad de la política duhaldista, y luego, con el irresponsable cálculo de una pasivización sindical duradera, se impulsa al sector noventista, mafioso y empresario de los gordos e independientes. Pero bancar a la burocracia y atacar al sindicalismo de base y clasista, eso siempre. En cuanto a los “barones”, en hechos como haber sostenido a Insfrán luego del asesinato de originarios Qom, Cristina dejó en claro que su apoyo a gobernadores e intendentes feudales, es estratégico; a las policías, sobre todo la Bonaerense, causante de la desaparición de López, del secuestro de Luciano Arruga y del gatillo fácil, solamente la “atacan” en una editorial mensual de Horacio Vervitsky. Por lo demás, se la premia con presupuesto y usos múltiples.

A las calles, nuevamente. Contra el estado, siempre.

Por lo dicho, del kirchnerismo no puede esperarse, siquiera, que se proponga acabar con la impunidad. Producto de tener que exorcizar la crisis del 2002, en la que reemergieron las reservas democráticas de los sectores medios, y por haber asumido con el 22% de lo votos, Kirchner hizo guiños retóricos a izquierda, pero con el objetivo de fortalecer las instituciones asesinas del Estado, como Duhalde. En su momento Kirchner atacó a Duhalde diciéndole Don Corleone, pero (perdonen los no cinéfilos) fue como si invitara a sus hijos Sonny y a Michael Corleone, y a su matonaje, a que sean parte de su “aventura progresista”.

La lógica de “pelear” para que gire a izquierda o “vaya por más” un gobierno cuya función es reconstruir el estado, y fortalecerlo para tener un muro de contención frente ante futuros ascensos revolucionarios, es una ingenuidad. Solamente desde una genuina posición de independencia política frente a todo gobierno, de anticapitalismo y de enfrentamiento al estado, se puede luchar, genuinamente, para acabar con la impunidad. Con estas banderas, y con aun fresco odio clasista, con memoria, orgullo y bronca, nos movilizaremos en todo el país este 26 de junio, con los familiares de Maxi y Darío, con sus compañeros y con todas las organizaciones de combate.

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