Chanchitos, gorilas y plaza llena

“Los intereses del país tienen que estar por encima de los intereses particulares”

“Si estamos en un momento complicado, la CGT tiene que guardarse sus pequeños reclamos en el bolsillo”

 Patricia Bullrich, 2001 (acá)

Como dijo Moyano en el masivo acto de hoy, no estamos en el 2001, no hay 25% de desocupación, ni recortes a los salarios y las jubilaciones. Sin embargo, los discursos empiezan a parecerse a los de esos años. La frase que encabeza el post, de Bullrich, es muy parecida a las que pronunció (¿la piba?) Cristina por cadena nacional.

Divide y reinarás

Cristina pasó de decir que Argentina estaba “desacoplada” de la crisis mundial a hablar cada día más de la “tormenta” que se avecina. Se refirió a un mundo que va, como el Titanic, al naufragio, y exigió que ningún trabajador ni organización gremial saque los pies “del bote”. No pidan, no reclamen, no protesten. De qué se quejan, si en España llega al 25% el paro. De qué se quejan en Argentina si en Europa recortan jubilaciones. No luchen, no pidan salarios, no hagan paro.

Ayer llegó al ridículo de acusar a los trabajadores que tomaban la planta de Pan American Energy por la muerte, en un accidente de tránsito, de 9 gendarmes que el gobierno había enviado a desalojar. Mientras hacía esta acusación burda y gorila, a Cristina “se le escapó” que los colectivos en los cuales viajaban los gendarmes eran pagados por la empresa. A los que marchamos hoy con el sindicalismo de base clasista de Kraft y la alimentación, a los que denunciamos el Proyecto X, no nos extraña este entrelazamiento profundo entre intereses empresarios (y de multinacionales yanquis) y las fuerzas represivas.

¡Qué parecidos los discursos de Cristina a los de ese gobierno de la Alianza que usaba el 25% de desocupación contra los trabajadores ocupados para atacar las huelgas!. De la Rúa decía “hay muchos desocupados, y los que tienen la suerte de tener trabajo se quejan”. Cristina, aggiornada después de 9 años de crecimiento a tasas chinas, dice ¡De que se quejan los trabajadores en blanco si hay un 32% de trabajadores en negro!. Cuando se escuchan cosas como está, no se sabe ya quién es el acusador y quién es el acusado. No, Cristina, no son los trabajadores en blanco los que contratan en negro: son los empresarios que tu gobierno defiende a capa y espada, y también el Estado.

El denominador común, que une el discurso de De La Rúa con el de Cristina, es 1) la crisis como disciplinador social de los trabajadores y el pueblo pobre y 2) dividir a la clase obrera, poner a un sector de la clase obrera contra otro.

La máxima es “divide y reinarás”, “divide y descargarás la crisis sobre los trabajadores”. Dividir a la clase obrera entre sus sectores más vulnerables y los “privilegiados” (término relativo cuando la canasta básica llega a los 6000 pesos), y dividir al movimiento estudiantil de la clase obrera es una tarea estratégica de todo gobierno capitalista “serio” y más en tiempos donde la punta del iceberg de la crisis aparece en el horizonte.

A tono con esto, Cristina ayer quiso dividir unos obreros de otros, y hoy habló, entre chancho y chancho, de la reforma universitaria, de la educación gratuita (claro que acogotada por la Ley de Educación Superior), de los centros de estudiantes, de poner la universidad al servicio del “modelo productivo”. ¿Alpargatas no y libros sí? Dividir es la máxima kirchnerista. Detrás de ella, la Cámpora tendrá que cambiarse el nombre por La Carnera, como dijeron varios amigos en las redes sociales.

La plaza y Moyano

La gran movilización de hoy en Plaza de Mayo expresa que la cuestión obrera emerge en la escena nacional. Cristina estaba cómoda con una oposición de sojeros y compradores seriales de dólares caceroleando en Recoleta. Pero que emerjan reclamos obreros en medio de una situación donde la crisis económica comienza a sentirse, expresa que vamos a enfrentamientos de clases más agudos, y que la crisis va a encontrar una profunda resistencia. La contradicción, es que a la cabeza está una dirección antiobrera, el moyanismo, cuyo interés central es jugar en la interna peronista y de la CGT. Esto no quita, claro está, la legitimidad de los reclamos, pero sí le da una urgencia renovada a discutir las tareas que tiene la izquierda en el movimiento obrero.

Los que hoy marchamos en Plaza de Mayo con el sindicalismo de base, con las internas de Kraft y Pepsico, con los obreros sin patrón de Zanon, con los delegados combativos del Subte, con el Frente de Izquierda, no lo hicimos por seguidismo a Moyano.

Moyano es como una Cristina al revés: el poder de Moyano se basa, también, en la división de la clase obrera, pero esta vez en usar como base a los trabajadores en blanco y con mejores salarios, para mantener al 40% que trabaja en negro, precarizado y al 7% de desocupados por fuera de “los sindicatos de Perón”.

Aunque haya hablado del trabajo en negro, los sindicatos de la burocracia no solo no organizan a los precarios sino que se convierten en férreos grupos de choque y matonaje cuando los precarios exigen su derecho a organizarse y a pasar a planta permanente.

Moyano no quiere unir las filas obreras, cosa que solo se puede hacer con una persistente política de organización democrática… y sin el Momo Venegas.

Pero sobre todo, lo que quiere unir Moyano, como todo buen peronista, no es a todos los sectores de la clase obrera sino a obreros y patrones, a los sindicatos con el PJ y Scioli. Por eso, su discurso combinó demandas justas como la nacionalización del Banco Hipotecario, con una arenga de conciliación de clases donde llegó a decir que los empresarios precarizadores “son trabajadores”.

Moyano no quiso dejar margen para dudas. Insistió que el peronismo es “manso y prudente” y reivindicó el abrazo de Perón con Balbín. Se prepara para negociar. Una enorme movilización obrera, por reclamos justos y enfrentando al gobierno, es un avance, pero bajo la dirección de Moyano solo prepara derrotas futuras.

Une y ganarás

En el 2001, con debilidades, el movimiento de desocupados le puso un límite al intento de usarlos como base contra la clase obrera ocupada. Por ejemplo, los desocupados no fueron rompehuelgas contra las fábricas ocupadas, sino que apoyaron a Zanon y a Brukman. Zanon y Brukman levantaron una política para unirse a los desocupados y apoyaron todos sus reclamos. Pero la división de la clase obrera y el 25% de desocupación igual pesó mucho (una buena explicación sobre el carácter de la desocupación como disciplinador social, acá).

Las estrategias que siguieron las organizaciones que -en vez de organizar un movimiento único de desocupados- hicieron sus propias colaterales, no ayudó. Pero lo principal fue el rol de la burocracia sindical. Los 13 paros generales de la CGT contra el Chupete se terminaron cuando la posibilidad de tirar al gobierno fue una realidad, y con Duhalde la burocracia sindical bancó la devaluación (más sobre el
2001 y 2002, acá y acá). Bajo la amenaza de la desocupación, la burocracia sindical, con Moyano, se encargó de que la clase obrera no intervenga como tal, con sus propios métodos.

Para ganar, para no pagar la crisis, hay que sacarse de encima a toda la casta de burócratas sindicales que a veces por presión de las bases, a veces por internas, a veces por una combinación de ambas, convocan a paros progresivos, pero son antiobreras por naturaleza, como ya demostró Moyano bancando la devaluación duhaldista o amparando en la CGT a los asesinos de Mariano Ferreyra.

La visión mecánica que plantea (como creo que se expresa acá), que todo avance objetivo en conquistas obreras es un avance sin contradicciones, independientemente de qué dirección se fortalece, es falsa. El MTA hizo huelgas justas
que apoyamos. Pero fortaleció a la burocracia moyanista que junto a Duhalde y los asesinos de Kosteki y Santillán le dieron un mazazo al salario obrero. Apoyar el paro sin pelear para que emerja una alternativa que pueda barrer con Moyano y la burocracia sindical, no sirve.

Hoy más que nunca es imprescindible desarrollar el sindicalismo combativo, clasista, independiente del gobierno y antiburocrático. Esto no se puede hacer absteniéndose de participar de un paro y movilización por demandas legítimas (y más cuando hay una pulseada con un gobierno cada día más gorila). Tampoco dividiendo al sindicalismo de base clasista y por ende marchando poco críticamente con el moyanismo, como lamentablemente terminaron haciendo los compañeros de IS que no participaron de la columna unitaria del Frente de Izquierda. Ni hablar del MST que desde hace rato está para cualquier negocio.

Si en el 2001 el movimiento de desocupados (con mucha debilidad estructural y política) junto a las fábricas bajo control obrero le pusieron un límite a los intentos de dividir las filas obreras, hoy ese rol, con mucha más potencia, lo va a jugar el sindicalismo de base y la izquierda clasista, con la ventaja de que la situación es más favorable.

La clase obrera llega a los primeros golpes de esta crisis con mucha más fortaleza que en el 2001. No hay un 25% de desocupación, lo cual invalida la principal herramienta de disciplinamiento que hubo en esos años. Sus filas son más grandes. Entró toda una generación de jóvenes que hicieron una experiencia, algunos desde el 2001 con fábricas recuperadas o como parte de los miles que se movilizaron en ese momento, que participaron de los combates callejeros del 19 y 20 de diciembre, que se conmovieron y se llenaron de odio ese 26 de junio de 2002. Otros hicieron experiencias en luchas sindicales desde el 2003 en adelante. Una vanguardia de miles se organiza en el sindicalismo de base. El 40% de sindicatos de masas como la alimentación, gráficos y jaboneros de Zona Norte del Gran Buenos Aires votó a listas clasistas que integramos desde el PTS con cientos de militantes obreros. Experiencias del 2001 como Zanon siguen en pie y tienen nuevas conquistas.

Desde acá, el PTS se propone discutir con los principales sectores del sindicalismo clasista este 8 de Julio en el estado cubierto de Ferro, con la juventud y estudiantes combativos que contra esta especie de neo-gorilismo K, nos unimos a los trabajadores.

Ante la amenaza de la crisis, no aceptamos ninguna extorsión de este gobierno asesino, ni nos embelesamos con la burocracia moyanista que golpea para negociar, y por eso todo avance parcial lo convierte en derrotas futuras. Queremos que emerja la poderosa clase obrera argentina que supo hacer cordobazos junto a la juventud combativa. Queremos acabar con la burocracia sindical, que es la principal herramienta de las clases dominantes para mantener maniatada a la clase obrera. Para eso hacemos esta Conferencia. 

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