Un partido discutiendo y actuando (apuntes luego del paro)

El paro que lanzó Moyano, enmarcado en la ruptura del jefe de la CGT con el gobierno, ha abierto numerosos interrogantes no solo “objetivos” (hacia dónde va la situación), sino también discusiones donde se mete cada activista, cada trabajador y militante, sobre qué hacer, adónde ir, adónde no. El PTS no es la excepción, y en los últimos días se ha abierto un rico intercambio no solo en La Verdad Obrera y los blogs (acá, acá, acá, acá, acáacá y acá, sino además con decenas de opiniones donde militantes nuevos y más viejos, trabajadores y estudiantes, opinan sobre éstas reflexiones, pensando cómo debe actuar un partido revolucionario. Si dentro de 9 días el PTS va a realizar su Conferencia Nacional de Trabajadores, en un sentido, algunas de sus deliberaciones ya empezaron…

¡Claro que iba a abrirse este intercambio! Desde el 2001 que un sindicato poderoso, con una conducción burocrática, no lanzaba una medida nacional, rechazada por el gobierno. Pensándolo bien, generaciones enteras de militantes entraron en la vida política viendo solamente huelgas económicas parciales, o viendo actuar al sindicalismo de base, enfrentando a patrones, gobiernos, burocracias y patotas. Casi que es natural la tentación de creer la ficción de que el sindicalismo de base, donde el PTS tiene un rol destacado, es “el” sindicalismo, y comprar una versión liliputense de “sindicatos rojos”, cosa ue rechazamos de plano. Por el contrario, el seguramente escaso, pero importante peso logrado por el sindicalismo combativo y antiburocrático, debe proponerse disputar en cada escenario que toque, allí donde haya demandas justas, aun mezcladas con internas burguesas. El paro de Camioneros es un ejemplo perfecto de esto. Por eso aportamos estas líneas.

Yo te avisé…

Por primera vez el gobierno admitió lo que nosotros, la izquierda, afirmamos desde hace mucho, siendo tildados de agoreros: la crisis económica es una amenaza real. Nunca, hasta ahora, se había hablado oficialmente de suspensiones, despidos, tormentas, pero en su discurso en un porcino ambiente puntano, Cristina comparó la economía mundial con el Titanic (que, sabemos, se hundió) y a Argentina con uno de los frágiles botes de rescate. Cristina definió esto como amenaza velada, con la intención de demonizar el “egoísmo voraz de los sindicalistas”. Como hay crisis, el que defienda lo suyo (ni hablar que vaya por más) sería un mezquino enemigo de la patria.

Cristina se olvidó de decir que los grandes capitalistas son profesionales de generar las crisis, de generar negocios en medio de las crisis y de generar negocios como salida de las crisis. Claro, siempre apoyados en el lomo de la clase trabajadora, que padece inflaciones, megadesempleo, devaluación, pagos en cuotas, flexibilización, monedas paralelas, como contraparte de los salvatajes, subsidios, estatización de deudas de los que goza el capital concentrado. Dicho esto, ni hablar que los trabajadores deben rechazar la preocupación hipócrita de un gobierno cuyo discurso es en un 95% para bombardear el peso de los sindicatos y para atacar a los trabajadores o, mejor dicho, a la unidad entre los distintos sectores de la clase trabajadora, y de ésta de conjunto con los pobres, los estudiantes, los pequeños comerciantes. El gobierno, pero el conjunto de la clase dominante, ve a esta unidad obrera y popular como un potencial enemigo que hay que evitar, ante una crisis que finalmente admiten.

Lo que dejó el paro

El paro, como plantearon varios compañeros, mostró los alcances y los límites del moyanismo, exagerados por los autocomplacientes analistas gubernamentales que, dicho sea de paso, mienten de manera descarada y burda.

Moyano mostró el peso del gremio Camioneros que responde unánimemente a él, que moviliza con una disciplina (consenso más coacción en medidas justas) importante y que, como sabemos, tiene un rol central en la economía, lo que lo vuelve peligroso y estratégico. Desde este punto de vista, aunque es insuficiente para “imponer” su programa, sí tiene un peso como para tener “poder de veto”, capacidad de mantener en el candelero ciertas demandas. Por lo demás, los aliados sindicales de Moyano son débiles y endebles, cuestión que remarca el kirchnerismo. Con todo, es un movimiento preventivo importante este “corrimiento a la calle” de Moyano, como lo define el amigo Sebastián.

Pero el peso del moyanismo como eventual “burocracia sindical combativa” dependerá de la medida en que Moyano impulse medidas de lucha de los sindicatos o de la CGT, lo que liberaría una energía combativa que Moyano rechaza, y de la medida en que oriente el peso de los trabajadores que dirige a ser una “fuerza auxiliar” del PJ disidente, cuestión central de la política de Moyano, como se pudo ver en el discurso bien “peronio” del miércoles. Es decir, si su política central es el rechazo a movilizar seria y organizadamente a los trabajadores por sus demandas y apoyar abiertamente a Scioli, las expectativas que trabajadores tienen en que “la CGT luche”, se disolverá y el peso del sindicalismo de izquierda puede crecer. Pero si su propia estrategia de negociación lo lleva a apelar a medidas como la de esta semana para fortalecer su poder de fuego, puede fortalecerse como “vandorismo light”, cuestión que el sindicalismo de base, con una política de frente único progresivo e independencia política, puede disputar y combatir, siendo parte de las acciones. Las acciones del cuerpo de delegados de VW en Córdoba es muy sintomático de fenómenos que comenzaremos a ver.

Mucho sindicato y poca burguesía

A 9 años de kirchnerismo, digo: que el paro de 1 (un) sindicato, por más estratégico que sea y por más amplificación que recibe por la propia interna con el gobierno, genere tanto revuelo y tanta crisis, expresa que, como decía Portantiero, al capitalismo argentino “le sobran sindicatos y le falta burguesía”. Es decir, el desarrollo del capitalismo argentino históricamente ha fortalecido sindicatos relativamente muy fuertes (aunque estatizados y limitados por el peronismo) y una burguesía nacional subdesarrollada y temerosa. Si esto es así históricamente, creo que recientemente se agravó: luego de 9 años de crecimiento record las principales empresas son extranjeras, el Estado tiene que apelar a empresas multinacionales para extraer petróleo de YPF, y ni siquiera puede reestatizar los FFCC luego de 52 muertes. Toda una expresión del carácter “nacional” frustrado de “nuestra clase dominante”.

Por el contrario, acciones obreras con direcciones burocráticas, conciliadoras (y hasta increíbles), conmocionan la situación nacional, como se ve en Cerro Dragón, dejando entrever el enorme poder social de la clase obrera que, liderando a la nación humillada, podría encarar la resolución de las demandas nacionales que la burguesía nacional no puede ni quiere hacer. Esta cuestión es la que no ven los honestos compañeros que apoyan al gobierno, ni los militantes y corrientes de izquierda que miden “los avances” de un gobierno, con la expectativa velada de que desde un estado “reformado” se resuelvan las demandas populares.

A éste peso de la clase trabajadora temen por igual gobierno, Clarín, Scioli y Moyano. Por eso todos coinciden en no avivar ese fuego, y por eso “el Negro” se encargó de anunciar la marcha en el mismo momento que anunciaba levantar el paro con bloqueos de la semana pasada. El acuerdo tácito de todos ellos era disolver el contenido de acción obrera combativa.

Ejercitando los músculos

El anuncio de las medidas de Moyano, la imágenes de los bloqueos, y el hablar de las demandas (AAFF y Ganancias) abrió una expectativa en amplios sectores de trabajadores. No solamente en los directamente afectados, sino también en la millonada de compañeros que ve que el ambiente puede mejorar para luchar contra contratos, contra la precarización, contra el despotismo. Esta situación es claramente importante por la izquierda y el sindicalismo de base, que debe (no solo puede) aprovechar cada brecha para agitar la necesidad de organizarse (congresos de bases, asambleas) y luchar por el conjunto de las demandas de los trabajadores. Ante el ataque artero de Cristina contra los sectores supuestamente privilegiados (un discurso tipo Alsogaray), los sectores de trabajadores que mantienen mayores conquistas, deben responder, justamente, con el mejor remedio: un programa y una política que busque unirse con los que están, digamos, más jodidos. El gobierno pega en esa división, porque justamente la usa, valga la redundancia, para dividir más. Por eso un programa que una a efectivos y contratados, nativos e inmigrantes, que tome las demandas de las compañeras mujeres, es una importante política que ataca a empresarios y gobierno, es revolucionaria en sí misma. Es lo que las comisiones internas de Pepsico, Kraft y otras hacen a diario, chocando con la educación corporativa de sindicatos como el de Daer (K), que no dista en nada del moyanismo, en este aspecto.

Ni solo golpear juntos, ni solo marchar separados

Hay compañeros y organizaciones que exageran el necesario aspecto del “frente único”. Si la frase trillada es “golpear juntos, marchar separados”, exageran el aspecto de golpear juntos, en el sentido de disolver la necesidad de tener banderas propias, frente a una burocracia que con la mano izquierda convoca una medida y con la derecha estrecha lazos con Clarín y Scioli. Esta concepción es como ir al combate sin armamento propio. Por eso fue un error que Izquierda Socialista debilite un bloque clasista encabezado por Kraft y ferroviarios, cuestión que urge revertir.

Pero la política de decir “las demandas son justas, pero no me mancho las manos de convocar a esa movilización y dar la disputa política”, tampoco es una salida, ya que allana el camino al discurso gubernamental de que “los une el antikirchnerismo” y disuelve que muchos fuimos a esa Plaza con banderas clasistas, con una política independencia en la interna burguesa. Los que dijimos antes “ni K ni campo”, mantenemos esta bandera, interviniendo a fondo en una medida de fuerza obrera. ¿Quedarse en la casa o concentrar en otro lugar es una opción? Solo en la medida que no se quiera disputar con el moyanismo, cuestión que es imposible evitar para toda corriente que pretenda desarrollarse en el movimiento obrero. La discusión de que “la base decida” termina siendo una artimaña para no aclarar qué es lo que cada organización cree que hay que hacer. Esto es un debate con los compañeros del FPDS, que coincidieron la táctica con la conducción de ATE.

La izquierda revolucionaria y el sindicalismo clasista deben intervenir con personalidad, no solo al “bancar” sus propias luchas que suelen ser atacadas desde varios flancos, sino también al ser parte actuante en cada acción progresiva y de clase donde haya compañeros que disputarle a la burocracia sindical. Así puede foguearse un partido revolucionario con peso en los principales sindicatos y organizaciones populares. La participación de la columna clasista, impulsada por las internas opositoras a Daer, la Línea B del Subte, internas gráficas, Garrahan, ATE Sur, ferroviarios y compañeros de decenas de gremios, fue un importante acierto en este sentido. Bloques así deben fortalecerse en escenarios futuros.

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