Una conferencia clasista en medio de la interna peronista (reflexiones y un debate)

Tomemos la casualidad como disparador o como metáfora para explicar que luchamos en los mismos lugares, por políticas antagónicas: el PTS hizo su Conferencia Nacional de Trabajadores en el Estadio Cubierto de Ferro, en el mismo lugar en que 4 días después Moyano fue reelecto en “su” CGT. El sector del sindicalismo clasista organizado por el PTS levanta banderas antagónicas a las de la burocracia sindical. Unos nos preparamos para mejorar y desarrollar nuestra disputa dentro de las organizaciones de masas de trabajadores, para enfrentar ataques empresariales “por la crisis”, para contrarrestar los engaños de políticos patronales y para paliar la desorganización que la diáspora de organizaciones sindicales serviles genera. Unos nos preparamos levantando un programa y una práctica que une a los diferentes sectores en los que el capitalismo tupacamariza a la clase trabajadora. La burocracia a lo sumo quiere “expresar” a los sectores que mantienen mayores conquistas, desconociendo la responsabilidad sobre millones de precarios.

  Una Conferencia que no es el fin de nada, sí un paso muy importante

La Conferencia del PTS reunió arriba de 4000 personas que llenaron Ferro. No es el fin de nada, claro. Sí es un paso importante que un partido de izquierda, trotskista, reúna una minoría sólida de trabajadores, entre ellos muchos de los referentes más conocidos del sindicalismo antiburocrático. Raúl Godoy, del emblema de las fábricas recuperadas, Zanon; Claudio Dellecarbonara, la figura de la Línea B de Subte; Javier Hermosilla y Lorena Gentile, de Kraft, y Catalina Balaguer, de Pepsico, los tres emblemas de la Lista Bordó del STIA; José Montes, referente del Astillero, delegados de Volkswagen, la oposición a Ongaro en Gráficos, y referentes de 150 sindicatos. Como dice el chiste de los 1000 abogados en el fondo del mar: “es un buen comienzo”. De ahí que, una vez más, entre los militantes y simpatizantes del PTS se ha suscitado un interesante diálogo de decenas de mails u opiniones de trabajadores, jóvenes o compañeros como Fernando Aizikzon.

La Cámpora, el Evita y otras organizaciones bancadas sólidamente ($$) por el aparato estatal, llenan Vélez. Solamente. Por eso es más que meritorio que las organizaciones de izquierda militantes, en primer lugar, ocupen la Plaza de Mayo varias veces al año, el 24/03 y el 20/12. También que el PTS, una de las corrientes de esta izquierda “en general”, y del FIT en particular, pueda realizar una conferencia obrera así.

 

Ese temita de la hegemonía

En tándem con los referentes más conocidos de los sectores renombrados del sindicalismo de base, más públicos, en la conferencia habló con una sonora voz propia, no audible para medios y organizaciones que buscan réditos fáciles y glamour y flashes, el sector más vapuleado de los trabajadores. Yuri Fernández, referente de la emblemática Brukman y dirigente de la comunidad boliviana, Humberto, joven textil capitalino, y la compañera Segundina, de la Comisión de mujeres del Ingenio La Esperanza, dieron el grito de los más oprimidos de los explotados, los inmigrantes, precarios, en negro, grito tan sufrido como conmovedor, orgulloso y combativo. Acá sí, una “jactancia”: solo organizaciones que practican la unidad de clase contra los corporativismos mezquinos, como trata de hacer el PTS, puede expresar este “programa hecho carne”. La burocracia sindical ni puede ver a este sector y la izquierda que no escapa a la “cárcel burocrática” de cada corporación profesional, tampoco, lamentablemente. Otras organizaciones, como también sucede con los derechos de las minorías sexuales, levantan estas demandas pero, complementariamente a los mencionados corporativismos, sin tratar de influir a sectores de trabajadores, con una estrategia de “hegemonía obrera”. La estrategia del PTS se propone unir estas “cuestiones” que el capitalismo separa, como un desarmador de bombas que aleja los componentes para que no se active el detonador social.

 

El contenido de tres batallas estratégicas: un debate con peronólogos

La convocatoria a la Conferencia trató de simplificar el horizonte del combate que trazamos: 1) por sindicatos sin burócratas; 2) por un partido de trabajadores sin patrones; 2) para que la crisis la paguen los empresarios.

El primer aspecto responde a una burocracia que, ni cuando se une ni cuando se divide, lo hace en función de intereses históricos ni inmediatos de la clase. Abel en su blog defiende a Moyano porque, se ilusiona, los sindicatos actúan como un límite, un reaseguro frente a, digamos, las ambiciones del Capital. Los sindicatos, en efecto, pueden jugar ese rol, y algunos mucho más abarcativos y revolucionarios que Abel ni quiere pensar. En nuestra historia, incluso, han hecho huelgas enormes como la de los 30s, organizaron la resistencia peronista frente a la claudicación de la conducción justicialista, impulsaron grandes huelgas generales. Pero esa impresionante energía obrera tiene su límite, y no su garantía, en una burocracia que de la “lucha reformista por la participación obrera en el reparto de la torta”, pasa a la más miserable transa de favores a cambio de pasivización de afiliados.

Abel, por ejemplo, cita al post de JP Denaday, que pasó por el PTS y terminó con el Movimiento Evita, aunque ahora toma partido por Moyano. Denaday un acérrimo, irreflexivo y acrítico kirchnerista, debe reconocer ahora con melancolía que la jactada industrialización no es tal y que las empresas multinacionales son mayoría. ¿Luego de 9 años de un crecimiento record, no es la confesión del fracaso del kirchnerismo? Y yendo a la reflexión de Abel: ¿no tendrá la burocracia “alguna responsabilidad” no es la responsable de permitir este “thirty-seventy”, digamos, en lugar del tan masticado “fifty-fifty” peronista, de por sí objetivo pichulero?

Estos analistas ni imaginan (ni estudiaron en la historia) que puedan existir organizaciones como los soviets o consejos, que agrupen a los trabajadores más allá de sus ramas, e incluso con otros sectores oprimidos, que llevaron adelante la defensa nacional, la organización de una nueva economía planificada, etc. No: esas cosas “rusas” son malas, malas. Pero además, Abel y cía. defienden la versión más débil de los sindicatos: burocráticos, subordinados a mezquinas internas burguesas, es decir, con los trabajadores con las manos atadas. Denaday, ataca los límites de “nuestros”  burgueses nacionales, pero milita en un movimiento que los enaltece como si no fueran lo que son: cobardes y antinacionales. Recupera a una izquierda nacional que ya fracaso en capitular al verdadero “nacionalismo burgués” y que ahora debe ser sostén de dirigentes que encorsetaron el peso de los sindicatos para que esos “burgueses nacionales” y extranjeros, saquen jugo a la devaluación. Una risueña melancolía.

Solamente sacándose de encima a esa burocracia anacrónica, esa piel muerta que limita sus movimientos, pueden los sindicatos liberar su potencia clasista.

 

PaSinPat (Partido sin Patrones)

La disputa por el aguinaldo de los bonaerenses, desnuda de manera teatral el burdo juego de las burocracias: unos critican solo a Scioli, otros solamente a Cristina, solo la izquierda ataca a ambos. Cada burocracia apuesta, y esta es parte de su debilidad, a cada uno de los proyectos de apoyo a esta “burguesia nacional”. Los degennaristas apoyan, con Binner, un modelo económico similar al kirchnersita, pero más tolerante con los patriotas del campo, y más cuidadoso de las formas republicanas; Moyano apoya a un kirchnerismo con menos juicios a los milicos, menos editoriales de Vervitsky contra la Bonaerense; Yasky quiere a Cristina. Todos defienden intereses hostiles a la clase en nombre de la que, dicen, hablan.

Ante tal panorama, el planteo de poner en pie un partido de trabajadores sin patrones, no es opcional, sino una necesidad. Una izquierda que conquistó importantes figuras y organizaciones sindicales, por un lado, tiene la responsabilidad de expresar la disputa política con la más que activa política de la burocracia. No es concebible permitir, para decirlo gráficamente, que compañeros que luchan y cortan la Panamericana a la mañana, y fiscalizan a la tarde por nuestras listas antiburocráticas, a la noche tomen partido en la TV por Scioli o Cristina, sin que haya figuras “propias” con un programa también propio. Un partido de trabajadores sin patrones es la forma de expresar que el PTS se juega a entrar “a lo grande en esa disputa”.

Tenemos la modestia de asumir que aun participando en 150 sindicatos o sacando 40% de los votos en sindicatos industriales, aun somos una minoría, y que muchos de los compañeros con los que luchamos día a día no creen que construir una alternativa política propia de los trabajadores sea necesariamente sumarse a una de las fracciones socialistas obreras, el PTS, por lo que es absurdo creer que solamente construyendo el PTS y desarrollando el FIT, podemos disputar seriamente al peronismo. Llamar a los miles de trabajadores con los que militamos, a luchar junto con el PTS por un partido de miles de trabajadores, sin apoyo a ninguna variante burguesa, es más efectivo, porque expresamos nuestra voluntad de ir por las mayorías, lejos de todo conformismo de sectas. Esta es otra de las batallas que trazó la Conferencia.

A la politización burguesa de los sindicatos no se le puede oponer una autonomía abstracta, porque le es funcional. En uno de los interesantes textos que publicó el CEIP sobre Trotsky y los sindicatos, el revolucionario dice: “la independencia con respecto a la burguesía no puede ser un estado pasivo. Esta independencia sólo puede manifestarse en actos políticos, es decir, en la lucha contra la burguesía. Este combate debe estar presidido por un programa particular, cuya aplicación exige una organización y una táctica apropiadas. Es esta fusión del programa, la organización y la táctica lo que constituye el partido”. Más vigente que nunca.   

Preparados, listos…

Lo de tomar partido no se refiere a una mera participación electoral sino a la mismísima puesta a punto de una amplia vanguardia obrera ante la crisis que se viene. Y esto, en momentos en que el estado, por primera vez, admite que efectivamente “se viene”. La combinación de crisis fiscales que llevan a ataques “proto-españoles” por parte de gobiernos como el de Scioli, con sectores de la industria (automotriz, carne) que acusan el empeoramiento de las condiciones externas (y que dan arranque a fenómenos como los de Volkswagen), hacen que levantar un programa de clase, que articule las demandas de todos los sectores de la clase trabajadora, sea muy importante. Como ya vimos en cada momento crítico previo, la burocracia, cuando las papas queman, son una “quinta columna”, un boicot interno que en vez de convencer(se) del poder de la clase para derrotar a la clase capitalista organizando a los “desorganizados”, defiende sistemáticamente la necesidad de negociar (a la baja) y de aceptar las condiciones que imponen los empresarios. Condiciones onerosas en tiempos normales, y brutales en momentos excepcionales. Esto es lo que se ve con las burocracias españolas, serviles, más temerosas de impulsar “la calle” que se vio con los mineros estos días.

Trotsky planteaba, en los 30s, que “el capitalismo sólo se puede mantener rebajando el nivel de vida de la clase obrera. En estas condiciones los sindicatos pueden o bien transformarse en organizaciones revolucionarias o bien convertirse en auxiliares del capital en la creciente explotación de los obreros”. Este panorama será más y más actual y por eso nuestra Conferencia es bastante oportuna. Las crisis excepcionales se dan, uno no las elige. Lo que nosotros sí podemos elegir es llegar organizados y fuertes para descargar sus efectos indeseables sobre los hombros de sus indeseables “padres”: los grandes empresarios.

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