“New (age) Left”: a propósito de La Nueva Izquierda de Ezequiel Adamovsky (por Fernando Aiziczon)

Compartimos a continuación el aporte que nos hizo llegar el compañero Fernando Aiziczon, en relación a la polémica con Ezequiel Adamovsky.

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En una nota aparecida en el Página 12, Ezequiel Adamovsky (EA) vuelve a un punto del que podría haber realizado algún balance. Es el mismo punto en el cual allá por el año 2004 publicaba un pequeño librito en la desafortunada colección Para Principiantes titulado “Anticapitalismo para principiantes”. Digo desafortunada no sólo porque aquella colección era mala (como reseñó la Corpo: “libros fáciles para ideas importantes”), sino que le evitaba al gran público esfuerzos intelectuales mayores esquivando la lectura directa de personajes de la talla de Sartre, Lacan, Zizek, Lenin, o mezclándole la oferta indiscriminadamente con otros tantos como Jesucristo, Sai Baba o las Flores de Bach. En escasas páginas de esa colección cada autor convocado debía comprimir enormes legados teóricos al precio de podar arbitrariamente los aspectos más sustanciales de las víctimas del caso. Y nosotros, al precio de garpar $50 por nada…

¿Pero qué tiene que ver esto con lo que dice EA? Bueno, el problema está en la reincidencia obstinada, la negación, o la elección deliberada por borrar de la política todo vestigio de la tradición de izquierdas revolucionaria. Y esto salta a la vista cuando en la nota en marras se evita la opinión sobre el Kirchnerismo, es decir, el fenómeno político que hace desastres en la multiplicidad de movimientos sociales actuales que se autodenominan “nueva izquierda”. Uno estaría tentado en pensar que efectivamente EA omite tal crítica en beneficio de la publicación de la nota, que de por sí no tiene nada que lo comprometa seriamente, al menos frente a los gendarmes del Página 12.

Sin embargo, hay una posición política clara en sus planteos y que podríamos pensar que “armoniza” sutilmente con el diario elegido, toda vez que la crítica no apunta, como dijimos, a denunciar el hampa renovado que nutre a CFK o los efectos socioeconómicos de su política, sino que se empecina en señalar otro frente enemigo: la vieja, odiada, maldecida y enferma izquierda partidaria…

 

Cesare Lombroso, in memmorian   

 

No voy a redundar en la certera crítica que ya le propinó el compañero O. Crivaro acá, crítica que recomiendo mucho más que este comentario, pues baja directo al terreno de la lucha concreta contra el capitalismo y señala las omisiones históricas groseras en las que incurre el compañero EA, ofreciéndole un ejemplo concreto y palpable de lo que este se empeña en ignorar. Pero sí creo necesario remarcar lo que nutre la “estructura de sentimientos” de esta nota, y que es un factor que explica tanto el desconocimiento de la izquierda actual como el“ethos” que anima semejantes posiciones.

En resumidas cuentas, el trillado cassette que repite EA dice que: las organizaciones de la izquierda clásica generan “pequeñas dictaduras personales” donde los militantes caen sometidos bajo una “burocracia dirigencial vitalicia” que los mantiene en “estricto control disciplinario”. Encerrados en sectas diabólicas, estas organizaciones resultan “incapaces de vincularse con luchas concretas”, y cuando lo hacen son tan nefastas que sólo empujan para“llevarlas a derrotas”. Estos espíritus autoritarios que construyen organizaciones carcelarias “siguieron (y siguen) siendo atrayentes como diagnóstico de los males sociales” pero, por suerte, “nadie que fuera sensato podía confiar en ellas”, excepto quien suscribe estas líneas y unos varios miles más…

Algo semejante puede encontrarse en su obra “Anticapitalismo para Principiantes” que mencionamos al inicio, donde el lector podrá ver dibujitos en formato de comics donde se caricaturiza al malvado sujeto militante clásico: un barbudo con un libro de Trotsky o Lenin le señala a los sujetxs en lucha el camino que deben seguir. Así las cosas, la imagen que contrapone EA a este modelo es la de un militante “feliz”, antidogmático, horizontalista, alegre, anticapitalista y que puede encontrar un buen espacio de militancia en el excéntrico “IOPS”,como veremos pronto.

Este tipo de planteos no es exclusivo de EA, en realidad abunda en la academia y la intelectualidad siendo parte del refractario vínculo que éstos cultivan de manera notablemente “acrítica” frente a una izquierda clásica que, curiosamente, no recibe la misma carga de prejuicio de un sector auspicioso del movimiento obrero, más conocido como “sindicalismo de base”, sobre el cual le recomendamos amablemente a Adamovsky informarse con urgencia.

 

UPS!, el IOPS…

 

A mitad de su nota EA juega sus fichas por uno de los grupos que él considera como “más interesantes” de la Nueva Izquierda actual, y que podría hilarse según su planteo con el levantamiento zapatista de 1994, los Occupy Wall Street, los Indignados madrileños y los compañeros del FPDS.

El caso es que el grupo en cuestión es en realidad una red virtual, “Znet”, algo así como un movimiento de masas virtual que ya cuenta con 1500 miembros distribuidos en 76 países. Y como es una red virtual, la única manera que tenemos de conocerlos es a través de internet.

Buscando las siglas llegamos al famoso IOPS (International Organization for a Participatory Society = Organización Internacional para una Sociedad Participativa) auspiciado por Adamovsky en Página 12, y entramos nomás…y vimos que esta red nace en EEUU y Gran Bretaña (¿no era el marxismo “eurocéntrico”?),de donde provienen la mayoría de sus miembros, la mayoría académicos, la mayoría con fotitos bellamente expuestas. Y nos desayunamos con que ya cuenta con un Comité Consultivo Provisorio (o un Comité Central, pero horizontal) “con inspiración y temple”…así que nada de construir desde cero.

Un aspecto interesante visible en la página web remite al origen del nombre: parece que hubo una discusión sobre si era más conveniente hablar de “sociedad libre”, “sociedad participativa”, o “socialismo participativo”. En un acalorado debate que tuvo el Comité Consultivo Provisorio se impuso la segunda opción, pero lo curioso es que la tercera de ellas, “socialismo participativo”, tenía un objetivo más bien pragmático: que sea apetecible de reclutar a eventuales militantes de África, Asia e “Hispanoamerica”, o sea, sudacas, o sea, de lugares donde la palabra “socialismo” no genera tanto asco. Igual ese nombre, con el agregado de “socialismo”, y con esa composición del Comité, perdió por goleada y quedó nomás “socialismo participativo”, que acá suena para el ojete y remite a chanchadas de burócratas municipales.

Para quien la quiera visitar, la página del IOPS tiene de todo, incluida esas fotitos bucólicas de los estudiantes yanquis tirados en el pasto de los campus universitarios, perfectamente verdes, perfectamente limpios. Hasta uno puede afiliarse al IOPS “on line” haciendo clik en “unirte a nosotros”, se agrega una fotito y un comentario, y ¡listo!, uno ya está adentro y lo mejor es que ingresa sin haber aguantado ningún militante pesado que le hable de cerca (y con aliento a coca) de las condiciones de explotación laboral en el Ingenio Ledesma, y que de yapa le enchufe un periódico de su partido.

 

De programas, estructuras y morales

 

En la página del IOPS también hay definiciones, y de las pesaditas: hay un programa, una visión política (la clásica “caracterización”),una estructura para militar y hasta un apartado moral con el deber ser militante al que aspira el IOPS. Sí, si, seguimos buscando la Nueva Izquierda…

A modo de ejemplo, uno de los valores principales es la Autogestión, pero no como la practican los trabajadores de las fábricas recuperadas de nuestras pampas y que en algunos casos hablan directamente de “control obrero”,sino que para el IOPS Autogestión se limita a cuando “la toma de decisiones influye en la medida en que afecta a aquellos que las toman.” ¿Eh?

Muchos aspectos del IOPS son similares a esas odiosas ONGs que trasmiten nociones y prescriben formatos de “política y gobierno” deseables, plagadas de un discurso donde abundan la transparencia, la responsabilidad y la participación conciente del “ciudadano”…, porque en el lenguaje IOPS no se habla de pueblo ni de los trabajadores ni de los oprimidos ni de los explotados…diferencias semánticas que se explicitan en una particular visión del gobierno, donde lo que se busca es que los diversos grupos:

“fomenten la diversidad para que los individuos y los colectivos puedan perseguir sus objetivos particulares sin interferir, por ello, en el derecho de los otros a hacer lo mismo.” (Corréte y dejáme pasar que llego tarde a mi trabajo!).

 

¿ONG o Revolución?

 

Dijimos que había un Programa, ¡sí, sí!, un PROGRAMA, eso que tanto enloquece a los militantes de la new left que rechazan expedirse cuando se les solicita alguna precisión respecto de adonde apunta su organización y su política, porque dicen que eso es de dogmáticos: pues bien, acá no sólo el Programa existe y ya viene cocinado con fritas, sino que se aclara, por las dudas, que todo será “regularmente actualizado”, aunque “deberá siempre” (¿o sea?) apuntar a, entre otros objetivos: “incrementar el número de miembros entre las personas que pretende ayudar según su clase, nacionalidad y género al que pertenecen”, sí señoras y señoretes, INCREMENTAR, esa noción tan racional e instrumental con que se critica a la izquierda clásica, acá también está.

Otra joyita del Programa alude a: “Procurar desarrollar mecanismos que ofrezcan apoyo financiero, legal, laboral y emocional (sic) a sus miembros para que estén en mejores condiciones para poder participar tanto como lo deseen y superar los diversos desafíos y a veces negativos efectos que conlleva formar parte de acciones radicales“, perdón, pero no se me ocurre pensar en otra cosa más afín que un Spa militante donde se tiene asegurado trabajo, cobertura emocional contra luchas fraccionales, guita para viajes, y relax para descansar entre batallas.

En general, la incursión sobre esta actualísima novedad de la Nueva Izquierda otorga al lector un baño de desconcierto total, de allí que a la hora de asumir el escabroso punto de las elecciones se recomiende: “Evaluar la participación en política electoral según el caso, fomentando incluso una actitud muy cautelosa al respecto”, o cuando se especifica la “estructura política” del movimiento-red, se dice que cada miembro puede participar en la toma de decisiones “en proporción a cuanto le afecte la decisión”. Pero: ¿y si no le afecta, qué hace?, ¿sólo se involucra cuando se siente “afectado”?

El IOPS se propone como una superación del marxismo y del “socialismo productivista”, piensa en algún tipo de revolución e incorpora las demandas que ya cualquier movimiento de protesta posee hace décadas, aunque si una militante feminista chusmea la página verá que nada se dice de la trata de personas ni de la lucha por la legalización del aborto, por ejemplo. Lo mismo ocurre con la ecología, donde cualquier ambientalista latinoamericano (hoy enfrentando a la Monsanto) le endilgaría como mínimo ético el olvido de la Madre Tierra o la denuncia de la emisión gases contaminantes por los países “desarrollados”; ni hablar de las inexistentes demandas de los pueblos originarios reemplazada por la horrenda noción de “sustentabilidad” o agricultura ecológica, donde importa más hablar de “respeto por los animales” y de contemplar el “vegetarianismo” de los militantes que del genocidio oculto de aquellas poblaciones.

Difícilmente con esta “superación” se recluten “on line” nuevos militantes en Latinoamérica, al menos si pensamos en la enorme masa de los trabajadores precarizados o los inmigrantes ilegales, y difícilmente con esta Nueva Izquierda se pueda imaginar cómo el capitalismo puede ser derribado enfrentando la represión y el espionaje estatal, las burocracias sindicales, o los empresarios sedientos de ganancias.

En fin, que todas estas ambigüedades (por llamarlas de alguna manera…) obedecen a una cerrada cuando no sectaria visión sobre la izquierda revolucionaria a la que paradójicamente se le endilgan tales vicios. Como efecto rebote de esa imagen especular a la que tanto se rechaza, la Nueva Izquierda promocionada por Adamovsky parece querer construir organizaciones virtuales solo aptas para una élite de ciudadanos responsables, de buenos gustos, de clase media-alta, eurocéntrica, más celosa de preservar su intimidad“aquí y ahora” que de cultivar semillas de socialismo.

Adamovsky debería acercarse más y sin miedos a esa izquierda que tanto denosta, aunque sea para actualizar sus prejuicios. Esa izquierda que varios venimos siguiendo, apoyando y acompañando, como la que se expresó en la Conferencia Nacional de Trabajadores del PTS a la que fuimos invitados muchos activistas independientes, donde pudo verse una joven generación de militantes de la izquierda combativa que ganas las fábricas y las calles y le disputa cara a cara al capitalismo, una izquierda que practica el debate sin pelos en la lengua y que salda deudas con el pasado, porque aprende a rescatar para estos tiempos tan reaccionarios ese enorme legado llamado marxismo.

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Una respuesta a ““New (age) Left”: a propósito de La Nueva Izquierda de Ezequiel Adamovsky (por Fernando Aiziczon)

  1. No te olvides de que tienen que tener computadora e Internet para entrar en el IOPS, algo que obviamente todo el mundo tiene!

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