Nuevas fuerzas, desde la periferia al centro

El importante conflicto de los obreros del ingenio de El Tabacal, que terminó su primera etapa en un paso adelante con la reincorporación de los 57 despedidos, deja inquietantes conclusiones. Inquietantes: promisorias para los que luchamos por una salida obrera y popular para los problemas que generan los capitalistas; amenazantes para los que defienden los intereses de los grandes empresarios desde los estados nacional o provinciales.

I

Las impactantes imágenes de la batallas en las rutas, donde pueden verse combativos métodos de autodefensa, ofensivas temerarias, solidaridad popular con una radicalizada acción obrera, deberían llamar la atención a los que sostienen un relato de un crecimiento igualtario y armonioso, y una satisfacción popular generalizada. Si combates de esta envergadura son auspiciosos en general, son particularmente llamativos porque no se dan (aun) cuando los cimbronazos de una crisis “hacen insoportables las condiciones normales de vida de las masas”, sino previamente, cuando aun “gozamos” de cifras récord de crecimiento, pero bajo un sistema a lo Hood Robin: explota a los sectores populares para que acumule una minoría rapaz.

La voracidad de empresarios que la levantaron en pala choca diariamente ya no con las expectativas (por la positiva) sino con las aspiraciones frustradas de trabajadores que son empujados a acciones “salvajes” y durísimas no para “tocar el cielo con las manos”, sino para enfrentar despotismo, las arbitrariedades, para imponer el reconocimiento de organizaciones legítimas, para alcanzar salarios que, incluso, miran aun desde abajo el costo de la canasta familiar…

II

El caso de los ingenios es el más paradigmático: se mezclan los reclamos obreros, con otras demandas populares como la toma de tierras en Ledesma, reprimida por una acción conjunta de la empresa y el estado gobernado por el kirchnerismo, en terruños que Pedro Blaquier se apropió con los métodos no afables a los que tiene acostumbrados este empresario autodefinido “cristinista”, impulsor del Apagón de Ledesma. En La Esperanza, empresarios y Estado se oponen al reconocimiento de un Sindicato más combativo y democrático que el que le conviene a una industria que utiliza métodos laborales del Medioevo. Las ocupaciones de las tierras que quedan inactivas luego de la zafra llega hasta Tucumán.

El ejemplo de El Tabacal llama la atención por la radicalidad obrera. No la llama, sin embargo, por el rol empresarial, donde una multinacional “gringa” se siente a gusto para tomar las medidas que sean, ni por la respuesta estatal, donde el propia empresa reivindica a la delegación local del Ministerio de Trabajo por amenazar con quitar la personería jurídica del sindicato.

III

Pero estos fenómenos, con sus especificidades, no son exclusivos de los ingenios, no se reducen al NOA, ni se limitan a la industria. Las durísimas acciones de los petroleros tercerizados en Cerro Dragón, Chubut, a pesar de las teorías de complots que quisieron instalar el Gobernador Buzzi y el kirchnerismo, no evitaron la “incómoda” conclusión de que, fueron sectores obreros que quisieron tomar con sus propias manos la tarea abandonada por el Estado: el pase a planta, a igual tarea, igual remuneración. Las recientes acciones de los poderosos metalmecánicos de Volkswagen de Córdoba, y (siguiendo retrocediendo en el tiempo) la irrupción de sectores también cordobeses de la Alimentación en Córdoba en las paritarias de 2010, también se inscribe en esta tendencia de acciones obreras que impactan por la radicalidad de las acciones. Incluso las huelgas de las docentes de Santa Cruz, extendidas en el tiempo, a pesar de condiciones climáticas inexplicables para el que no estuvo ahí, y atacadas desde numerosas instancias estatales y paraestatales, también las anotamos en este seguramente precario conteo.

Aunque estas acciones no tienen la misma intensidad en la CABA y el conurbano, donde las formas de dominación son más sutiles, donde el peso de los sindicatos es más importante, y donde la “opinión pública” tiene un peso superlativo, tampoco existe una pared blindada que las separa de los trabajadores que pararon el Subte, de los obreros de Kraft que cortan la Panamericana, de los ferroviarios que lograron 2000 pases a planta con cortes de vías, lo que costó la muerte de Mariano Ferreyra…

IV

En algunos de los escasos blogs peronistas que se detuvieron a pensar o siquiera mencionar estos “hechos” de El Tabacal, algunos analistas kirchneristas relataban, con un elemento de justicia, que los trabajadores de provincias como las mencionadas, enfrentan una desigualdad “extra”, al oponerse a gobernadores conservadores, y a poderes políticos con relaciones mucho más “carnales” con los poderes económicos locales. A primera vista, la responsabilidad de Gildo Insfrán en el asesinato de originarios que se oponen a la extensión de la frontera sojera; la tenacidad con que los gobernadores cordilleranos defienden a las mineras, o lo repugnante de las declaraciones de la ex joven promesa kirchnerista, Juan Manuel Urtubey, desde las instalaciones de la Sociedad Rural, confirman en parte este relato.

Sin embargo, contra esta visión tranquilizadora del kirchnerismo, es conveniente agregar que 1) apoya y se apoya en estos “feudales” no solamente en período electoral, sino al renunciar a tener construcciones propias. La Teleconferencia que hizo Cristina con el 4 veces electo Insfrán el día después del asesinato de Qom, y la patoteada de “el” grupo oficial por excelencia, La Cámpora, contra los Qom y Féliz Díaz en la 9 de julio, así lo confirman; 2) apoya a los empresarios de las economías “regionales”, como se ve en Barrick y las mineras, o en el apoyo que le dio a El Tabacal; 3) porque, como gobierno central, numerosas veces actuó como defensor “feudal” de los empresarios amigos, como pasó en el Casino, donde reprimió 8 veces.

V

El discurso pretendidamente ecuánime que trata de mantener Cristina (ni reclamos desmedidos, ni egoísmo empresarial) es cada vez más rengo, porque los empresarios quieren tomar las últimas bocanadas de aire antes de la amenaza de sumergirse en la crisis, y porque a los trabajadores les resultan cada vez menos “desmedidos” sus humildes reclamos: que la inflación no liquide el salario, tener estabilidad laboral, que sus organizaciones sean reconocidas. Al costadito de la miserable interna peronista, el hecho de que conseguir estas menudas demandas  lleve a enfrentar a empresarios y gobiernos provincial y nacional, abre perspectivas tan favorables para la izquierda y el sindicalismo de base, como inquietantes para el kirchnerismo.

VI

Para culminar: las internas de la burocracia sindical de la CGT no se dan en torno a la representación de estos sectores explotados y combativos, sino en torno a quién expresa más lealmente a sectores de la clase dominante y de los partidos capitalistas. El moyanismo juvenil viene de hacer un acto con un ícono de la izquierda peronista, el desaparecido metalúrgico Felipe Vallese, pero la reivindicación de esa tradición choca con los muelles de Scioli, Casal y las patronales agrarias que reivindica Hugo. No por casualidad el coqueteo de la Juventud Sindical con Pianelli y Segovia del Subte e disolvió en el último gran conflicto del Subte. La CGT oficial, por su lado, se debate entre ser conducida por un albañil que fue infiltrado en la dictadura, un indeciso alumno de Lorenzo Miguel, o un “mecánico” que cobra, aun siendo dirigente sindical, un jugoso sueldo de la Mercedes Benz, no tiene tampoco un escenario alfombrado con flores. Nunca hay que subestimarla como mediación, pero una CGT con eje en los dirigentes que avalan los techos y en los que avalaron las privatizaciones y la flexibilización, seguramente permitirá que sigan surgiendo más fenómenos de base y antiburocráticos. Todo lo contrario a la temeraria jactancia de Facundo Moyano que dijo que “a mi izquierda está la pared”, una falacia del kirchnerismo ya refutada.

Pero la CTA michelista, levantada por numerosos sectores de izquierda, lanzó la Federación de obreros del Azúcar en Salta y Jujuy, pero no hace nada para coordinar democráticamente, desde las bases, ni toma acciones concretas para rodear de apoyo a las durísimas luchas de los ingenios. Combinar esa política mezquina con regodearse en patéticos almuerzos con Binner, con la derecha sojera y con los golpistas (del 76) de la FAA y la Sociedad Rural, puede continuar debilitando esa organización

VII

Para la izquierda obrera y socialista, jugarse a organizar esa fuerza obrera, como hace el PTS de Jujuy, unirla a los sectores con las organizaciones reconocidas y sólidas del sindicalismo de base como los reunidos en la Conferencia del PTS en Ferro, y tratar de expresar a estos sectores radicalizados y explotados, puede ser un salto en moldear una vanguardia antiburocrática y combativa verdaderamente nacional, una potencial amenaza frente a los nubarrones de la crisis capitalista.

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Una respuesta a “Nuevas fuerzas, desde la periferia al centro

  1. Muy bueno,.
    al conteo “periferico” me parece importante agregar que el comienzo de la “sintonia fina” tuvo una óptica bifocal: en el interior fue mas fuerte su implementación y también su resistencia. Basta señalar la ley de emergencia frenada por los estatales en Santa Cruz o el pase a disponibilidad de los 20 mil estatales en Rio Negro (después se murió el gobernador y asumió el vice, que hace poco viajo a la Rosada para buscar apoyos en la interna del PJ local que luego del ultimo brindis de Soria con su mujer, obviamente, quedo hecho un caos).
    Lo novedoso del Tabacal, para mi, son los elementos de “pueblada” y a la vez, que está sea suscitada “solamente” por 57 despidos demuestra que por abajo late un profundo malestar por vivir el día a día con los dientes apretados.

    Un saludo!

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