Egipto ¿dónde está la primavera? (sobre Morsi, EEUU, Irán e Israel)

Algunos medios han utilizado el viaje del presidente egipcio a China y su aceptación a participar de la Cumbre de Países no Alineados en Irán para sobredimensionar la independencia de Morsi con respecto a EEUU e Israel.

Las declaraciones siempre recalcitrantes y guerreristas de los voceros del Estado de Israel, suelen alimentar como contrapartida visiones que suponen (o sueñan con) burguesías árabes capaces de mantener posiciones genuinamente independientes del imperialismo.

Algunas postales de la realidad egipcia y de Medio Oriente desmienten esas visiones.

¿No alineados?

Es innegable que Morsi aparece con un juego propio, que el régimen de Mubarak no tenía. Pero sería muy peligroso confundir cierto grado de juego propio con independencia del imperialismo.

La Cumbre de Países No Alineados en Irán es la cumbre internacional más importante que se haya celebrado en ese país desde la revolución de 1979, en gran parte gracias a la participación de Morsi. Pero a la vez, Morsi puso paños fríos a lo que en un principio aparecía como un triunfo sin contradicciones de Irán al intervenir duramente contra el régimen de al-Assad, aliado de Irán en Siria.  El New York Times chicanea al presidente egipcio: habló en nombre de la primavera árabe, pero prefirió no mencionar el aplastamiento de la primavera en Bahrein para no molestar al aliado norteamericano, Arabia Saudita.

FMI

Otra de las postales es la foto de Christine Lagarde, directora gerente del FMI, en las pirámides. La visita es parte de una negociación entre el gobierno egipcio y el FMI (negociación tutelada por Washington y Hilary Clinton), por un préstamo de 4.8 billones de dólares.

Desde el levantamiento de Enero de 2011, Obama viene prometiendo condonar 1 billón de los 3.2 billones que componen la deuda externa egipcia con EEUU, y ofreció 150 millones en ayuda económica y “proyectos de desarrollo democrático”.

A esto se le suma toda una seguidilla de préstamos privados y ayudas a las compañías norteamericanas de la región.

Algunas organizaciones egipcias lanzaron una campaña contra el acuerdo con el FMI y por el no pago de la deuda externa, denunciando que es un préstamo plagado de condiciones contra el pueblo. El 50% de los impuestos que paga un trabajador promedio se destina al pago de la deuda externa. Para el ciudadano promedio, los impuestos se corresponden al 27% de su ingreso, mientras que para las empresas ese porcentaje se reduce al 13%.

Las negociaciones con el FMI solo pueden traer bienestar a un puñado de empresarios, muchos de capitales imperialistas, pero para el pueblo trabajador y la juventud egipcias solo ajustan las cadenas de la miseria y la opresión.

En lucha contra el terrorismo

Otra noticia que recorrió la prensa internacional fue el relevo del Mariscal Tantawi y otros 5 jerarcas del Ejército que formaban parte de la Junta militar que asumió el poder al caer Mubarak.

Sin embargo, luego de sacar a Tantawi, Morsi militarizó, en un plan conjunto con Washington, la península del Sinaí, para “combatir al terrorismo” islámico. Raros islamistas los Hermanos Musulmanes.

Sinaí es una zona estratégica, limítrofe con el Estado de Israel y la Franja de Gaza. A partir de los acuerdos de paz de Camp David de 1978, el control de Sinaí se convirtió en una herramienta clave del bloqueo económico a Gaza, y del sostenimiento de la ocupación criminal del Estado Sionista.

La importancia de este rol pro-imperialista del Estado Egipcio explica los 1.500 millones anuales que EEUU envía al presupuesto militar de ese país; así como también las negociaciones para aumentar esta ayuda en pos de mantener el orden en Sinaí. Una cosa queda clara: la administración Obama está destinando enormes recursos para apoyar el gobierno de Morsi.

Morsi quiere mostrarse como un régimen capaz de sostener los intereses imperialistas en la región, amigo de EEUU e Israel.

La destitución de los jerarcas militares y el diálogo con Irán, China y otros Estados “no alineados” se inscribe en la naturaleza de un régimen que intenta (y en cierta medida ya logró) desviar un proceso revolucionario todavía vivo en Egipto.

Es cierto que Israel exhibe una recalcitrante desconfianza a los gestos de Morsi. En parte, se debe a que Israel tiene una crisis propia (crisis económica, oposición social y pacifista, emergencia de una derecha más radicalizada, mayor dependencia del poder militar, que a su vez debe revalidarse; divisiones en el Estado Mayor Israelí sobre la política a tener hacia Irán), sobre la que hablaremos en otro post.

Por otro lado, la desconfianza sionista a Morsi, habla menos de las virtudes antimperialistas de los Hermanos Musulmanes y más de que se trata de un gobierno surgido luego de un gran proceso revolucionario: como tal debe dialogar con las expectativas de los millones que tiraron a Mubarak pero aún no recibieron los laureles. Esta desconfianza será más aguda en tanto la difícil situación económica internacional (y egipcia en particular) hace prácticamente inexistentes los márgenes en los cuales un régimen capitalista puede dar respuestas a las más elementales demandas populares, y sobre todo aquellas que impliquen cambios estructurales.

Tahir y la huelga general que le dio el golpe de gracia al faraón, mostró la potencialidad y la fuerza de millones de jóvenes y trabajadores. Sus imágenes y sus gritos de guerra recorrieron el mundo e inspiraron a la “generación sin miedo” que combate la crisis capitalista de un continente a otro. Pero no triunfaron aún. El proceso sigue vivo, no en el gobierno de Morsi, sino en la oleada de huelgas y reorganización sindical que continúa en curso y tiene como protagonista a la clase obrera más numerosa y concentrada del mundo árabe.

Para un análisis marxista del proceso de la primavera árabe ver: “A un año y medio de la Primavera árabe”, de Eduardo Molina y Simone Ishibashi, en Revista Estrategia Internacional Nro 28.

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