Severo y gendarmes: reflexión sobre la crisis política, Estado y bonapartismo

Esto es Argentina, viejo. Una montaña rusa de coyunturas políticas; un frenético sube y baja de cambios y giros. El gobierno, que es el mismo que sacó 54% de los votos hace apenas un año, considerado un capital político inexpugnable por un kirchnerismo propenso a subirse al caballo, es puesto a prueba (y en cuestión) en muchos hechos políticos cotidianos, dos de los cuales fueron muy, extremadamente delicados: el paro de Prefectura y Gendarmería y la desaparición de Alfonso Severo.

 

Deré, deré, deré

El amotinamiento de Prefectura y Gendarmería, al que se solidarizaron efectivos de las tres Fuerzas Armadas, constituye una severa derrota política del gobierno, que vio sacudidos su basamento en uno de los sustentos reales del mismísimo Estado. Se sabe y ya lo dijimos: las FFAA salieron orgánicamente debilitadas de la dictadura. Como lo definió un genocida (Harguindeguy, si mal no recuerdo): las FFAA actuaron como un ejército de ocupación, como Francia en Argelia, con el pequeño detalle de que el territorio saqueado era su propio país. Esto aumentó exponencialmente la impopularidad de las fuerzas, que nunca pudieron recuperar sus funciones “normales”, que es nada menos que ser la base real del poder armado de todo Estado moderno. Si uno toma definiciones centrales de la ciencia política y el marxismo como la de “bonapartismo”, un fenómeno sustentado fundamentalmente en las FFAA, se nota que este hecho maldito desde el 83 implica una debilidad estructural no solamente de un gobierno, ni siquiera del régimen: de este Estado.

El apoyarse en la Prefectura y en la Gendarmería, fue una vía de escape a esta “pequeña contradicción estatal”. Si desde el 83 estas fuerzas de seguridad militarizadas y federales ganaron peso, presupuesto y efectivos, el kirchnerismo directamente las entronizó como fuerzas “centrales” del control estatal. Mirá sino al Proyecto X o su accionar en cada corte de autopistas. También como fuerzas preponderantes en su mentada agenda de “seguridad democrática”, con su supuesta política de “no reprimir la protesta”, más ficticia y marketinera, que real, como pudo verse en las 8 represiones a la lucha del Casino.

Que los efectivos de estas dos fuerzas rompan la cadena de mando, entonces, abre una crisis política más que coyuntural. Es, ni más ni menos, la insubordinación de un sector del Estado a la conducción política del Gobierno. Todo tiene el límite de que 1) se debió a un ataque salarial lo cual hizo el reclamo defensivo (más popular); 2) el conjunto de las fracciones burguesas, desde Clarín hasta Macri y los Gobernadores, contuvieron y pusieron límites para que no se convierta en una asonada, un monstruito difícil de criar (además, los gobernadores tendrían que ponerse ($$) con sus policías si el reclamo se desarrolla y se extiende). Sin embargo, independientemente de lo que pase el martes, ya deja conclusiones inquietantes y demuestra la cantidad de fenómenos (en este caso por derecha, reaccionarios) que da a luz el desgaste y la pérdida de autoridad de Cristina.

¿Qué hay abajo del bonapartismo?

Ahora una duda, digamos, teórica: ¿no se abusa de la definición de bonapartista para pensar los rasgos del gobierno cristinista? No se puede desestimar el poder con el que aun cuenta Cristina (una alianza con sectores de gobernadores e intendentes que controlan territorios clave, apoyo de una novísima CGT, obsecuencia de una CTA, amistad de organismos de DDHH, aparte del apoyo popular, etc.). Sin embargo, la CGT es solo una de las fracciones del movimiento sindical peronista y la encabezada por dirigentes más entreguistas; la CTA Yasky es una lágrima; los organismos democráticos perdieron su incuestionabilidad, etc. Pero sobre todo, yendo a lo de “bonapartismo”: en las grandes crisis se ve lo estructuralmente “flojo de papeles” que está el gobierno. El poder territorial del peronismo paladar negro, es prestado o mejor dicho alquilado; las FFAA siguen en coma farmacológico y las fuerzas de seguridad hipertrofiadas por el kirchnerismo, se rebelan. Las debilidades orgánicas del kirchnerismo quedaron muy expuestas, creo. 10 años de gobierno hacen que los tiempos dorados hayan quedado muy lejos, y el azar, que ayudó a renovar los blasones con la muerte de Néstor, tiene menos margen de maniobra.

Niunidos, niorgananizados

La supuesta construcción propia se muestra que, por más “unidos y organizados” que se sientan, pueden jugar, a lo sumo, el rol de torcer una lucha de secundarios. Pero ante huelgas o luchas duras, hechos como el paro moyanista, crisis como la de los gendarmes, o desapariciones como la de Severo, muestran una irrealidad importante, al menos hasta ahora. No tienen ni la capacidad de movilizar, ni la inserción orgánica ni la moral para torcer ninguna balanza: aunque Página 12 diga que es la única construcción real juvenil (y creo que no hay que desdeñar para nada esta acumulación, sobre todo la pasiva electoral), esta limitación es patente. Y luego de 10 años de NO encarar cuestiones estructurales, este panorama no va a tender a mejorar. No se puede vivir del amor. Tampoco del Nunca Menos.

Cría cuervos sindicales

El secuestro de un testigo clave del juicio por el asesinato del militante del PO Mariano Ferreyra, es expresión, contrariamente a lo que plantea el propio Alfonso Severo, de que el gobierno “cría cuervos” o, como es más popular, le hace el juego a la derecha. La política otrora exitosa de cubrir con un impoluto pañuelo de Madres a los monstruos policiales, del peronismo duro y de la burocracia sindical, hace que sea esperable que haya sectores que se sientan con impunidad para mandarse, cada tanto, un López, un Arruga, un Soldati, un Mariano Ferreyra. ¿Tiene que ver este hecho, casi seguro obra de la patota ferroviaria, con la bendición K a la CGT nueva, con la Unión Pedracista incorporada? ¡Pues claro! Como los hechos mencionados tienen que ver con transar con Insfrán, bancar a la Bonaerense, etc.

Algunos compañeros se muestran sorprendidos por las declaraciones del testigo secuestrado, que saluda a la policía y a la presidenta. No hay que sorprenderse: Severo no es militante de izquierda, ni siquiera luchador. Era gerente. Su rol clave es que frente a una “defensa” que quiere disolver el rol del pedracismo como organizador de la emboscada asesina para decir que fue una “riña”, Severo puede demostrar, por “haber estado ahí”, que la burocracia de la UGOFE tiene el modus operandi de los fierros, los matones, la patota. Eso incriminaría no solo a Pedraza, sino a toda las alas de la burocracia sindical y a la “obispa” circunstancial de esta iglesia de matones: Cristina. Ni la desaparición de Severo, ni la movilización rápida y contundente de “la izquierda”, juegan a favor del gobierno: lo esmerilan por derecha y por izquierda. Ya no es el kirchnerismo que tenía resto para (intentar) hacer pasar la desaparición de López no como un fracaso de la política de maquillaje de las fuerzas policiales asesinas, sino como un ataque a NK. Los intentos camporistas de decir “es un desaparecido nuestro”, al igual que JUSTO tenían una militante en el tren chocado por su amigo genocida Cirigliano, es patética, no convence ni a ellos mismos. Una vez más, lo mismo: un hecho grave y “la” fuerza K, muestra la debilidad orgánica de la Juventud de escaparate. Ni fueron a la plaza, algo criticado por el hermano de Mariano Ferreyra, Pablo.

Preparados, listos…

Sin que haya un golpe frontal de la crisis económica, surgen muchos fenómenos políticos. Es un síntoma inicial de para lo que tenemos que prepararnos. El que crea que solamente pasan cosas por derecha (cacerolazo, acuartelamiento de los “camaradas” o patota secuestradora) tiene una visión parcial, contenida por un rutinarismo asfixiante. La efervescencia entre los secundarios, los sectores de colegios técnicos que enfrentan al estúpido de Macri y las maniobras camporistas, los cientos (¡qué inicial, pero auspicioso!) de estudiantes que salieron raudamente a las calles en todo el país frente al secuestro de Severo, y las miles de discusiones que pueden verse en un movimiento obrero que siente el hartazgo frente a una voracidad y despotismo empresarial, son combustible para construir fracciones de izquierda mucho más masivas entre trabajadores y estudiantes.

El desgaste inexorable del kirchnerismo, y la existencia de una centroizquierda con el pecado original “cacerolero y ruralista”, hace que esa batalla sea no más fácil, pero sí más entusiasmante. La izquierda cuya confianza en las clases medias acomodadas caceroleras, y en los policías combativos es directamente proporcional a la desconfianza en la emergencia de una clase obrera revolucionaria, junto a sectores de estudiantes, pobres y sectores medios, se saca a sí misma de la disputa. La intervención de la izquierda, del PTS, en los nacientes fenómenos políticos y de lucha, levantando un programa que unifique internamente a la clase obrera (basta de precarización, igual trabajo con igual salario, pase a planta), y la una con los estudiantes que enfrentan al Estado, con los pobres que se hacinan en villas, con el pueblo trabajador que padece los trenes, puede hacer que demos pasos palpables en hacer un partido revolucionario con influencia en decisivos sectores de la vanguardia obrera y popular.

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