Postales del agotamiento del ciclo K: 7D, bonapartismos, 19D y movimiento obrero

Escribía este artículo y la Corte Suprema de Justicia desestimó el “per saltum” solicitado por el gobierno, una sonora derrota política (más del gobierno). Hay demasiados indicios del fin del largo ciclo político que abrió la asunción de Néstor Kirchner. Este agotamiento va dejando a la vera del camino numerosos fenómenos políticos reaccionarios, aberrantes o progresivos (como la tendencia a la ruptura entre el movimiento obrero con el kirchnerismo).

Todos los escenarios, aun los planteados por el kirchnerismo, tienen altas probabilidades de terminar en derrotas para el gobierno. Ahí tenemos al bluff del 7D para confirmarlo. cristina-en-atril

Ante todo: hablamos de un ciclo de tres mandatos presidenciales que no tiene forma de continuarse. Y no nos referimos solamente a lo electoral: un fenómeno garantizado fundamentalmente desde el Estado, no puede más que perder fuerza y sustento, de alejarse el kirchnerismo del calorcito estatal. Figuras del cristinismo lanzan el rumor de la sucesión como forma poco efectiva de limitar el síndrome de “pato rengo”, de contener el “cabildeo permanente” a sus espaldas (con el tándem central, pero no único, de Scioli y Massa). Pero la propia generación del rumor irrita a estratos sociales que se alejan con rumbo desc8Nocido.

En este marco de fuerzas centrífugas, podemos entender el fiasco del 7D.

Para agregar a lo que plantean los compañeros Juan Dal Maso y Fernando Rosso, la autoderrota del 7D es un fracaso en tres sentidos diferentes: primero, es una segunda derrota táctica en la disputa política que tiene el gobierno con el Grupo Clarín, siendo la primera el fallido cruzamiento de ADN de los hijos de Ernestina con el banco de datos del Durand. En segundo lugar es una derrota cultural contra uno de los “buques insignia” con los que el kirchnerismo armó sus “brigadas centroizquierdistas” luego del conflicto con el campo.

Por último, es una derrota del propio “régimen político” que solidificó el kirchnerismo para aquietar la oleada del 2001. La “depuración de la Corte Suprema” menemista fue una de las grandes maniobras decorativas para recauchutar el régimen reaccionario del bipartidismo y el Pacto de Olivos luego del 2001. Lo del kirchnerismo fue vestir una serpiente: puso a figuras prestigiosas y aceptables para el progresismo, para sostener una institución bonapartista por excelencia. El kirchnerismo sostuvo y alimentó lo que Manolo Romano y Matías Maiello llamaron “bonapartismo judicial”, una corporación reaccionaria don un decisionismo notable, a favor o en contra del poder de turno, según se mueva la veleta. Curiosamente, esta medida que fue funcional a los K hasta hoy, le propinó una derrota en la Cámara y una más en la Corte Suprema. Ni el kirchnerismo, ni la histeria cacerolera que critica el mal “funcionamiento de las instituciones”, cuestionan a esta corporación de monarcas hereditarios, institución antiobrera por excelencia, como ya lo denunciaba la genial Zamba del expediente del gran Cuchi Leguizamón.

Pero hay otros indicios de que ese círculo virtuoso K empieza a quedar hondo en el baúl de los sueños rotos. Uno de los sosiegos que tuvo estas semanas, el freno del fallo del juez Griesa en la Cámara neoyorquina, en realidad desnudó que el gobierno estaba dispuesto a entregarse a los buitres. Que el gobierno haya comprometido el pago a los bonistas, es decir que capitule políticamente, devela su sistemática claudicación cipaya. Aunque esto no es algo nuevo, ya que el famoso desendeudamiento soberano fue un anuncio de que iban a “cagar a billetazos” al FMI como se burló Barcelona, hoy cobra ribetes farsescos, se trata de una “claudicación permanente”. Los K publican a Jauretche, pero actúan como zonzos vendepatria.

Esta es la debilidad orgánica de los K: ya se vio en el “affaire Vandor” que se apoyan en un precario pacto con sectores de sindicalistas que no son propios, mientras pierden apoyo en los sectores medios urbanos, hipersensibles a la “cosa democrática”. En este marco, la apelación a mecanismos bonapartistas fácticos o discursivos, solo puede empeorar su situación. Hacia los sectores medios azuzados por la Brigada Brancaleone de la oposición burguesa y El Multimedios, porque genera más hartazgo. Esto se vio en las “presiones” a los jueces, algo cómicamente denunciado por Clarín y los caceroleros, como si los jueces no fueran más presionables que botón de inodoro. Hacia el movimiento obrero, porque la activa política antiobrera, combinada con ataques desde el atril, llegando el colmo de acusar de caranchos a los jubilados, solo sirve para condimentar a una incipiente pero notable bronca y a las aspiraciones de reclamar lo propio. ¿Cómo va a caer el muy original intento de hacer un pacto social para poner techos en las paritarias? Ya se sabe: los techos a los salarios son de concreto; los techos a los precios son de durlock: se agujerean de nada.

El “espíritu de escisión” del que hablan posts de compañeros, se sustenta en la brecha cada vez mayor entre las expectativas (en algunos casos muy básicas) de sectores de trabajadores y populares, y la imposibilidad, incapacidad o nulo deseo del gobierno y de las distintas variantes burguesas de dar respuestas. En algunos sectores del movimiento obrero, hay sectores masivos directamente librados al azar, sin respuesta de sindicatos partidos de gobierno o partidos de oposición. Pero transporte, vivienda son dos de los “items” que el gobierno no resolvió en un crecimiento récord, resolución que también es un secreto bajo 7 llaves para la oposición sojera.

Mi vida de Trotsky, cuenta cómo los primeros círculos revolucionarios se formaban como hongos después de la lluvia porque no eran solo los revolucionarios los que buscaban a los obreros, sino que era una confluencia mutua, porque los obreros necesitaban de los revolucionarios. Salvando las muchas distancias, hay sectores de trabajadores, en particular jóvenes y mujeres, que están por fuera de “privilegios”, de sindicatos, de toda estabilidad laboral, y que expresan una necesidad de ser organizados notable. La apertura de estos sectores es notable. El paro, los paros, las noticias mediáticas de huelgas, y acciones como el 19D alimentan esta bronca que hoy es aun desorganizada. El impulso que hacemos de un movimiento nacional contra la precarización nos viene permitiendo dialogar con muchos de estos compañeros. Pero hay muchísimos, muchísimos más.

Pero este fenómeno tiene otras expresiones. Pongamos el caso de un sindicato muy importante, alineado con los K: un video filmado con un celular sintetiza varias imágenes de la actualidad política: la burocracia sindical del SMATA casi a pleno, encabezada por el Sec. Adjunto a nivel nacional seguido por un séquito de directivos, se va derrotada de una asamblea en la que habían organizado junto a la patronal de la autopartista Lear, destituir a la Comisión Interna combativa. El “triple crimen” de estos delegados fue defender las asambleas, haber acatado al importante paro del 20N y (sobre todo) levantar la exigencia de pase a planta de los contratados. La burocracia juntó poco más de 100 obreros, y la Comisión Interna organizó (como una pequeña gesta cocinada a fuego lento) y llegó con más del triple de obreros, que callaron, humillaron y, finalmente derrotaron a Manrique y los metalmecánicos.

Los muchachos de la burocracia metalmecánica encabezada por Pignanelli, son los “hijos” de José Rodríguez, el entregador de delegados y activistas metalmecánicos a la dictadura, como en el resonante caso de la Mercedes Benz. Como se ve, burocracia sindical, empresarios y Estado siguen actuando juntos juntitos. El kirchnerismo no puede ni quiere apoyarse en otro sindicalismo que el de Pignarelli y Pedraza. Por eso es enemigo de los “caranchos y buitres” que quieren tener estabilidad laboral y superar los sueldos de $3500. ¿Cuántos ejemplos como éste se estarán cocinando?

Crecientemente, desarrollar el “deseo” de conquistar demandas por menores que parezcan, llevará a radicalizar las posiciones y a politizar todo conflicto: sencillamente porque el gobierno y las patronales no quieren dar respuesta. Ya está sucediendo. Participar de esos combates puede ayudar a formar dirigentes y activistas combativos, clasistas y revolucionarios, en perspectiva. ¿Cuál será la amplitud de esos fenómenos? ¿Cuáles serán las medidas que tomen las organizaciones revolucionarias para confluir, si se trata de fenómenos masivos? Por ahora responder a esto es música para el futuro. Lo que sí, el que no trace hipótesis (por eso la apelación que hacemos a las tácticas que planteó Trotsky a las organizaciones de la IV Internacional en los 30s) y, sobre todo, el que no tiene la voluntad de meterse, por vocación de secta y/o por cobardía política, pierde.

Llamamos a participar de la marcha del 19 no porque desconozcamos los límites sonoros de la política de la burocracia sindical de Moyano y Micheli, sino porque mensuramos justamente cómo cada acción convocada por sindicatos, tiene el efecto de ayudar a la deliberación, a la discusión y clarificación entre los trabajadores, lo cual permite una mucho mejor disputa con las líneas desastrosas de las conducciones. Cuestionamos la falta de continuidad de un plan de lucha que incluya nuevos paros y somos enemigos de la política de conciliación de clases que tuvo su broche de oro en el paro de CTA del 10 de octubre, donde hablaron patrones agrarios y donde se saludó al levantamiento de gendarmes y policías, o en el apoyo a Scioli y al narcosocialismo. Los sectores de la izquierda independiente que hacen un batido entre un discurso semikirchnerista y coquetear con la etérea Juventud Sindical, sin tener una sola medida práctica para ligarse a sectores de trabajadores están a destiempo, buscando superestructuralmente lo que no tienen voluntad de encontrar hurgando “en el barro” de fábricas y lugares de trabajo. De lo que se trata no es prepararse para (más) elecciones, sino de que toda la actividad política esté encaminada a prepararse para intervenir en futuros ascensos obreros y populares, donde chocar con la contención peronista y la represión estatal, sea inevitable, y haga falta una herramienta para ganar. Bah, esto para el que se piense en una perspectiva revolucionaria, claro…

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