Egipto: Constitución y después

Tengo guardado este post más o menos desde el domingo, esperando a poder abrir un nuevo blog más pertinente para este tipo de artículos sobre realidad internacional y los procesos árabes. Sin embargo, la primavera árabe se desarrolla más rápido que las capacidades (y disponibilidad horaria) de los blogueros trotskistas, que a la par de tratar de estudiar y seguir la realidad internacional, nos preparamos las últimas semanas para marchar hoy con el bloque antiburocrático del sindicalismo de base combativo y el Frente de Izquierda. Así que contando las horas, en una aburrida jornada laboral, me tomo unos minutos para publicar esto que tenía en el tintero, ya que después de la marcha de hoy vamos a estar escribiendo, polemizando y siguiendo los acontecimientos del día. Además, sospecho que vamos a responder a uno que otro kirchnerista trasnochado que abrazaditos con Gerardo “buchón” Martinez, Pignarelli, Caló y demás zatrapas, se ponen locos, no por Moyano (al que bancaron durante 10 años) sino porque haya trabajadores que marchan por sus demandas justas, contra el gobierno de Cristina.

En fin, el resto lo vamos a ver hoy en las calles. Por ahora dejo este post con aires primaverales

12-12-04-manifestants-marchant-sur-le-palais-presidentiel-photo-de-Hossam-el-Hamalawy--8c787-64bd8

Egipto: Constitución y después

El 15/11 se votó en la primera ronda del Referéndum Constitucional en Egipto, luego de fuertes protestas contra el gobierno de Morsi y la Hermandad Musulmana. Aunque también hubo movilizaciones a favor del presidente, lo más dinámico de la situación pasó por las marchas opositoras que revivieron Tahir, se enfrentaron a la policía y a los ataques de sectores de la militancia islamista y llegaron a rodear el Palacio presidencial forzando la salida momentánea de Morsi del mismo. Se destacaron episodios de alta combatividad y huelgas parciales en la zona obrera textil de Al-Mahalla, donde los enfrentamientos con las fuerzas de choque del gobierno fueron particularmente duros y donde el viernes 7 se llegó a ocupar la sede local del gobierno y emitir una declaración simbólica de independencia, formando el Frente de Salvación de la Revolución (al final de esta nota en francés se puede apreciar la significancia de los acontecimientos en Mahalla, el traductor de google traduce con errores pero es más o menos útil).

La votación se realizó solo en la mitad del país, incluyendo el Cairo, Al-Mahalla y Alejandría, es decir, comenzó por las regiones sacudidas por las movilizaciones contra Morsi. Hubo una alta abstención. Participaron solo 31% de los habilitados para votar,  por debajo del 50% de participación en las presidenciales.

El sí a la Constitución ganó por  56%, mientras que el 44% votó No, mostrando una profunda polarización social sumada a la alta abstención, indicativo de la rápida degradación del apoyo social al recientemente elegido gobierno islamista.  A su vez, proliferan las denuncias de organismos de DDHH a las irregularidades “mubarakistas” y fraudulentas en la votación.

El próximo sábado continúa el referéndum en el resto del país, seguramente reafirmando el SI a la Constitución. Esto permite al gobierno de Morsi sobrevivir y ganar aliento ante la enorme crisis política, pero no puede ocultar el amplio desprestigio. Un desgaste rápido de la misma naturaleza sufre el gobierno islamista moderado de Túnez, que festejó los dos años del comienzo de su proceso revolucionario con una lluvia de pedradas al nuevo presidente.

Giro bonapartista y el ejército

Desde su rol de árbitro en el marco de los ataques del Estado de Israel a Gaza, Morsi intentó por diferentes vías consolidar un poder centralizado y “autoritario” o más precisamente bonapartista. Este intento desató las movilizaciones. El Decreto Constitucional del 22/11 que otorgaba a Morsi superpoderes fue retirado como concesión a los movilizados, pero el Ejército emergió para suplir el vacío político. Los superpoderes se trasladaron desde el Ejecutivo al Ejército, que garantizó que se llevara a cabo el Referendum de la discordia, con su presencia en las calles y con el poder de detener civiles arbitrariamente. La Constitución en aras de aprobarse, preserva al Ejército como principal institución del Estado, permitiendo un presupuesto separado del presupuesto nacional y el control militar del Ministerio de Defensa. Es una clara continuidad con el régimen de Mubarak y de un Ejército que recibe 1300 millones de anuales EEUU, que es propietario de sectores económicos claves y que defiende los pactos de paz con Israel, firmados con sangre palestina.

Detrás del giro bonapartista, ajustes del FMI

Lo que motiva el giro bonapartista o autoritario del gobierno de Morsi es la necesidad de cotnar con un fuerte poder político que pueda afrontar la crisis económica, particularmente aguda en Egipto.

Desde la visita de la Directora Gerente del FMI, Christine Lagarde está en curso una negociación  con el FMI por un préstamo de 4.8 mil millones de dólares, además de otras tantas ayudas del empresariado y el gobierno norteamericano. El domingo 8, una semana antes del Referendum de la discordia, el diario egipcio Ahram anunció que el acuerdo estaba ya cerrado con el gobierno y que faltaba la aprobación final por parte del FMI, que se daría pos referéndum. Es decir: esperaban que la constitución estuviera aprobada (seguridad jurídica, le dicen).

Ese mismo día se dieron a conocer los primeros detalles del plan de austeridad que exige el FMI a cambio del préstamo: Morsi decretó el aumento de impuestos a productos de consumo popular. La medida, plenamente impopular, fue retirada al día siguiente para no tirar más leña al fuego de Tahir. Pero ya muestra el camino por el cual se dirige el gobierno islamista moderado, aliado a los EEUU: una guerra contra los trabajadores y el pueblo para que paguen los costos de la crisis.

Laicos contra islamistas, o clase contra clase

Los límites de Morsi para comenzar a aplicar la austeridad no limitan las ambiciones del FMI, que se propone una profunda reestructuración económica de todo el Magreb y Medio Oriente, liquidando lo que queda de propiedad estatal y “diversificando” exportaciones.

Para darnos una idea de qué quiere el FMI, podemos solo recordar que la textil más grande de África es de propiedad estatal, y está en la combativa ciudad obrera de Al-Mahalla, donde trabajan 25.000 obreros y obreras. La industria textil contribuye con una cuarta parte de los ingresos de exportación no petrolera de Egipto. El sector público representa el 90% del hilado del algodón, el 60% de la producción de tela y un 30% de la producción de prendas de vestir.

Esto sirve para darnos una idea de la magnitud de enfrentamientos que se preparan contra la clase trabajadora y la juventud “sin futuro”. No se puede aplicar tales planes sin derrotar la primavera. Uno de los artículos más cuestionados de la actual Constitución es el que ata los aumentos salariales a la productividad. Es solo el comienzo. Es una ingenuidad o un ocultamiento reducir el proceso revolucionario a un enfrentamiento de índole religiosa o ideológica: la guerra de clases está declarada.

Morsi y el Ejército adoptan el rumbo de los ajustes y ataques antidemocráticos a la juventud y los trabajadores. La oposición del Frente de Salvación Nacional, encabezado por partidos de carácter capitalista como el de El Baradei y remanentes de la era Mubarak, es incapaz de enfrentar seriamente a Morsi, empezando porque no varían cualitativamente en sus respuestas a la crisis económica. El neo nasserismo, que también integra el Frente, pretende preservarse como alternativa burguesa ante una eventual caída de Morsi. Pero a pesar de las apelaciones al nacionalismo burgués de Nasser, las condiciones excepcionales de la segunda posguerra que lo originaron son imposibles de ser recreadas, no solo las económicas (boom de posguerra) sino también las políticas: el Ejército, su pilar elemental, está atado de pies y manos a EEUU e Israel.

La única salida es por la vía de la independencia de los trabajadores y la juventud combativa. Solo los trabajadores pueden dar una salida al conjunto de la nación oprimida, incluyendo a los sectores populares que ven con simpatías la Sharia (ley islámica) no por intereses reaccionarios, sino por una expectativa en que la ley islámica puede “quitarle a los ricos para darle a los pobres”. El mismo Morsi se encargará rápidamente de desmentirlo, pero solo la clase trabajadora con sus métodos pueden ofrecer una alternativa viable.

La primavera sigue viva, estemos atentos.

 

Anuncios