Perejiles: los “asesinos” en el relato de la Argentina burguesa

Los dirigentes políticos de la Argentina capitalista se sorprenden porque se acercan al tenso escenario de una masacre social, y son repudiados o incluso corridos.

Ellos bancan a ladris, que recibieron en su mano, y a cambio de nada, una empresa estatal, y que usan las “concesiones” para chupar subsidios estatales, mientras limitan los servicios elementales a la mayoría del pueblo trabajador.

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En el caso que obviamente nos convoca, Litoral Gas fue metida bajo un gobierno peronista, el de Reutemann, cuando Obeid era intendente de Santa Fe, y cuando el kirchnerismo vivía en el menemismo y gozaba de la privatización de YPF. Dos gobiernos socialistas desde el 2007 sostuvieron a esta empresa.

Lo ridículo, una vez más, es el relato burgués y clasista, aunque no por ello deja de ser pintoresco, que unifica siempre a la Argentina oligárquica de políticos y empresarios. Cada vez que una tragedia social ocurre, con sus decenas de víctimas y damnificados, siempre hay una explicación sencilla, a mano: fue un trabajador, nada tiene que ver con la empresa. No nos referimos a si hay o no responsabilidad del gasista, algo imposible de determinar a priori y sin una investigación independiente y a fondo. Hablamos del hecho burdo en que con un bonsái quiere taparse el bosque hediondo de las privatizaciones menemistas que sostuvieron socialistas, peronistas radicales y el PRO.

Se acumulan los muertos y los daños, y el relato estatal y burgués se hace más y más burdo: los subtes no funcionan pero no por parásitos como Roggio, sino por los temerarios lúmpenes de los metrodelegados, afectos a andar caminando entre miles de voltios con el piso inundado. Los trenes se estrellan pero obviamente no por la asociación ilícita vaciadora entre Ciriglliano, funcionarios como Jaime y burocracias entreguistas como la de Pedraza. No. Es porque maquinistas conducen dormidos y otros se oponen a usar los frenos, política votada en sus reuniones de Al Qaeda (seguramente) porque quieren atentar contra el gobierno popular. Ahora sabemos que en Rosario las explosiones se dan por “gasistas” inescrupulosos, que nada tienen que ver con las empresas de agua, gas y luz, ni menos con los solidarios empresarios de Litoral Gas. Pobres ellas, que dan un servicio ejemplar, y que ven saboteada su beneficencia por esta organización criminal de trabajadores enemigos del progreso.

Pobres los empresarios y políticos  patronales que tienen  que lidiar con todos estos vagos que censuran sus denodados esfuerzos por mejorar la vida del pueblo trabajador.

El relato de la Argentina burguesa, ¿no les comienza ya a causar un poco de incomodidad y gracia a los propios autores?

 

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Una respuesta a “Perejiles: los “asesinos” en el relato de la Argentina burguesa

  1. Las empresas prestadoras de servicios, no interesa si privadas o estatales, van a ser eficientes, seguras y útiles a las comunidades, cuando los organismos establecidos por su control, sean conducidos por quienes los usuarios elijan. En la situacion actual, esos entes están integrados por “amigos” de las elites gobernantes, que en el mejor de los casos, tienen algún título. Pero como son designados por amiguismo, no hesitan en abrir la mano, para tomar el sobre que les hace aprobar todo lo que los controlados requieren. Y eso ocurre en todos los sistemas políticos, pero mucho más en los socializados y con alta injerencia estatal. Cuando los ferrocarriles eran ingleses, teníamos un excelente servicio, puntual, limpio y seguro en sus distintos aspectos; cuando los expropiamos, a un altísimo costo, por las cometas que hubo en tal hecho, entraron en decadencia y la corrupción, terminó por destruirlos. Lo primero que se perdió, fue el transporte de cargas, porque los robos alcanzaron tal magnitud, que no llegaba ni la mitad de la mercadería despachada. En fin, que el menos tenido en cuenta, es el usuario, quien necesita y paga ese servicio. Que debiera pagar lo justo que cuesta o vale, sin subsidios que en todos los casos son injustos, porque siempre los termina pagando el que no disfruta de ese servicio. Dicen que viajan como
    animales o peor y es verdad. Pero un animal, paga diez o veinte veces, lo que paga un humano en los trenes semiestatales. Y a estos se los subsidia con lo que aporta el chaqueño o rionegrino, o muchos otros argentinos, que a lo mejor, en su vida han visto un tren.

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