Un balance sobre las PASO y el crecimiento de la Izquierda (y comentario sobre Santa Fe)

Y bueno, en definitiva, además de candidato, soy militante y bloguero, asique voy a tratar de agregar algo a lo que han escrito otros compañeros del PTS acá, acá, acá o acá. Particularmente agregaremos comentarios sobre la gran elección de la izquierda a nivel nacional (donde en Santa Fe terminamos cuarta fuerza con 47 mil votos) y sobre la situación en nuestra provincia

Empecemos por lo obvio: las PASO subieron un poco más aun las burbujas del hervor del “fin de ciclo” del kirchnerismo: se desgrana como fuerza estatal, y pierde apoyo en su base popular.

FIT

El gobierno preparó un plan para poder balancear usando la vieja cantinela de “no ganamos en ningún distrito pero somos la primera minoría”, que es lo máximo a la que puede aspirar luego de que al 54% solo lo mira desde abajo. Para ese plan Cristina puso su propio “Massa” en Provincia de Buenos Aires (Insaurralde), remachó su acuerdo con el derechista Scioli y recicló a Obeid (una célula dormida del reutemismo) en Santa Fe, desplazando a Rossi. Se sabe, el Chivo era bueno para ganar las internas peronistas, sobre todo por su caudal de votos en Rosario y en la región sur de provincia. Pero era mejor para perder por goleada las elecciones generales, lo que en el 2011 dio como hijo al fenómeno (en el sentido científico de la palabra) Del Sel.

Esa aspiración kirchnerista fracasó nacionalmente por derecha y por izquierda. En primer lugar, el triunfo de Massa, el novísimo fusible de recambio que adquirió Clarín, fue más holgado de lo que el kirchnerismo esperaba/deseaba/imaginaba. La “osadía” del tigrense de disputar no solo los votos sino de terciar en la conducción del peronismo le salió bien, lo cual agrega más agua al río que corroe el sustento real del kirchnerismo. Massa emerge como disputante en la interna peronista, para lo cuál se apresta a seducir a nuevas camadas de acólitos sindicales. El kirchnerismo jugó una carta pejotista frente a un desafío pejotista, pero no le alcanzó. Todo descubrimiento tardío de que Massa es clarinista y que es un títere de los yanquis, no vale: fue jefe de gabinete K y fue tentado hasta último instante para encabezar en Buenos Aires las listas del Frente Para la Victoria.

Para hacer un torniquete a su sangría, en pocos días, el kirchnerismo hizo técnicas de reanimación a su relación con Scioli, puso a un milico de la dictadura como jefe del Ejército y cerró un acuerdo propio del más rancio cipayismo con Chevrón. Parafraseando a Rebelión en la Granja, el cerdo se puso de pie: el kirchnerismo terminó de consumar el fin restaurador de su obra y se ofreció abiertamente como un confiable administrador burgués. Este fue el modo de administrar su propia crisis, más allá de su slogan progre y defensista de lo conquistado de que “hay que elegir”. Su juego retórico, tiende a cesar. Sus medidas cosméticas, se agotan. Su juego transversal, se subsumió a la pesada losa de intendentes mafiosos (por más referencias, consultar con Sabbatella). El gobierno entra en la disputa por su sucesión por la vía del “centro”, es decir, por derecha. ¿Se aprestan a ser la pata “monto”(ponele) en un gobierno de Scioli? Mmm…

Sin derecho a los milagros: una izquierda orgánica en los sectores obreros y populares

Pero hay otro fracaso del kirchnerismo en las elecciones, y es la emergencia de una votación a izquierda de 900 mil votos. Este hecho es, en buena medida, disfuncional al régimen, por eso hubo un acuerdo tácito de todos los medios de comunicación y de los encuestadores de ningunear a una fuerza que creció desde el 2011 a hoy. Unos caraduras los muchachos.

La “performance” electoral de la izquierda no se puede medir ya como nota de color, como elemento bizarro (un milagro), o directamente ignorarla (como han perseverado en hacer los medios en Santa Fe). Previamente había sido refutado el mito estatal de que a la izquierda del kirchnerismo no hay nada: la izquierda trotskista, que se agrupa en el FIT, y destacadamente el PTS, es impulsor del sindicalismo antiburocrático, del movimiento estudiantil combativo, de los organismos de DDHH que no se subordinaron al Estado y de la intelectualidad socialista y de izquierda que no compra las mentiras de las diferentes fracciones burguesas.

Pero ahora directamente esto tuvo una fuerte expresión de casi un millón de votos a nivel nacional, con muy buenos desempeños de las listas encabezadas por Jorge Altamira (PO) y Claudio Dellecarbonara (PTS) en Capital; por Néstor Pitrola (PO) y Myriam Bregman y Christian Castillo (PTS) en Provincia de Buenos Aires; por Nicolás del Caño del PTS en Mendoza (donde el Frente de Izquierda salió tercera fuerza); por Liliana Olivero (IS), Hernán “Bocha” Puddu (PTS) y Eduardo Salas (PO) en Córdoba; por Alejandro Vilca (PTS) en Jujuy; por quien esto escribe (PTS) en Santa Fe; por el obrero ceramista Andrés Blanco (PTS) y Patricia Jure (PO) en Neuquén; por Claudia Lupardo (PTS) en La Pampa, donde superamos el piso; por Daniel Blanco (PO) y Azul Zorzoli y Juan Véliz (PTS) en Tucumán, y por compañeros del PO e IS en Salta, Santa Cruz y otras provincias.

Contra lo afirmado por el “ralato” kirchnerista, las ideas de la izquierda revolucionaria penetran en fracciones cada vez más amplias de trabajadores, jóvenes obreros y de la juventud en general. No solo el kirchnerismo se derechiza y pierde “mística” día a día. Sino que además hay una izquierda con nombre propio, con “referencias” en las principales luchas de trabajadores y sectores populares, y con referentes visibles. Una izquierda que gana peso entre los sectores populares. No se trata de un mero “espacio”, que es a lo que aspiró (y falló) el MST. Es una construcción con base orgánica: en el caso del PTS, en distintos actos realizados a nivel nacional, logramos organizar a más de 5000 personas, destacándose el peso creciente de trabajadores, y en particular de obreros. Ya tampoco hay un muro entre la izquierda y la clase trabajadora: otro mito peronista caído.

Una mención al pasar: el fracaso de la centroizquierda. La fórmula de “cuanto más derechización y ridiculización emplees en tus métodos, más votos sacarás”, a la que apelaron Lozano y Marea Popular, Bodart y el MST, etc., caducó. Los cascos, salvavidas, saltimbanquis, camiones con pantallas led, desnudos y, sobre todo, subordinación a las patronales sojeras (De Gennaro, Lozano, MST), al kirchnerismo (PC, Sabbattella, Yasky) o a ambos (Marea Popular), mina la credibilidad, seriedad y también el desempeño electoral de todas las variantes de la centroizquierda. La izquierda cholula, payasa y funcional al régimen y a sus medios, no va: o se es una izquierda de combate, obrera, marxista y, digámoslo, seria, o “no seremos”

Santa Fe: antes y después de un sacudón indeleble

La apuesta del kirchnerismo a Obeid falló, al menos hasta ahora. El ex dirigente de la TR, ex menemista, ex reutemista, ex kirchnerista, nuevamente ex reutemista y actual nuevamente kirchnerista, invirtió la fórmula de Rossi, pero ofreció el mismo resultado: subió los votos en el interior campestre y en el norte de la provincia, pero bajó los votos en Rosario (y en los sectores “progresistas” del electorado), terminando en un cómodo tercer puesto. Para un amplio sector del electorado y de los simpatizantes que acompañan al kirchnerismo, fue demasiado “sapo” apoyar al ex privatizador del Banco de Santa Fe, a un cómplice de una de las etapas primeras de la narcopolicía, y alresponsable político de las muertes de Sandra Cabrera y de Ana María Acevedo, que desnudó lo retrógrado de su sistema de salud pública.

Binner y el Frente Progresista hicieron la gran Reutemann y les salió a priori bien (aunque también por ahora). El anestesista utilizó un slogan adormecedor para no decir nada: “Un país normal”. Amén de la búsqueda de la normalidad, tan emparentada al concepto de “orden”, Binner hizo una campaña que demagógicamente tomó consignas sentidas entre sectores de los trabajadores o de las clases medias (impuesto a la ganancia), para mezclarlas con otras que expresan la moral (y el bolsillo) de los sectores patronales a los que busca representar: “en un país la soja no es un yuyo”. Binner defiende la exención de impuestos a multinacionales como Cargill, la proliferación de la precarización laboral y la continuidad de las privatizaciones menemistas. Un socialismo neoliberal, digamos.

Pero además lo notable en Santa Fe fue que las elecciones se desarrollaron en un ambiente de tristeza y bronca. Se notó durante todos los días previos el contraste entre la indignación, tristeza e indignación popular, y la hipocresía de los partidos tradicionales (empezando por el gobierno provincial) y los medios, que imponían un cínico “la fiesta debe continuar”, mientras los familiares de 21 víctimas lloraban a sus ausentes y el pueblo trabajador expresaba su solidaridad popular.

Toda una maquinaria estatal y mediática intentó disolver la responsabilidad empresaria y localizó la culpabilidad en un perejil: el gasista. Fue tal el nivel del acuerdo espurio, que TN (inéditamente) concedió adrede titular “Aplausos (sic) y abucheos a Cristina”, cuando la presidenta fue repudiada por todos los vecinos conmovidos aun por la explosión, por paralizar la búsqueda por su presencia.

Esta operación tuvo un golpe en su línea de flotación cuando un juego en un parque de diversiones mató dos niñas. El Estado municipal (es decir el binnerismo) permite desde el año 2000 que sea la propia empresa la que controle sus propias medidas de seguridad. Aquí, como pasó con Litoral Gas en la explosión de Salta y Oroño, la responsabilidad fue empresaria y la complicidad, política. Lo mismo sucede con el narcotráfico en Rosario, con el estallido de un departamento en Puerto Norte, y con otras causas impunes. Esta es la “normalidad de la que se jacta Binner”, que costó 5 muertos por la represión a los saqueos a fin de año. ¿Seguirá haciedo surf sobre las crisis, sin pagar costos por su (no) responsabilidad política el gobierno provincial? Difícilmente.

En todos estos meses, el PTS y el Frente de Izquierda combinamos la participación en las elecciones, con ser parte de las justas y duras luchas que dan los trabajadores y sectores populares. Candidaturas como la de Claudio Dellecarbonara unifican esto en una misma persona. En el caso de Santa Fe, combinamos una intensa campaña contra las versiones derechizadas del socialismo y el peronismo, con la participación en conflictos como el de Liliana, y con la colaboración con familiares y víctimas de las terribles tragedias evitables que conmovieron a Rosario. No podría ser de otra manera: de lo que se trata es de que en estas batallas madure una vanguardia política de los trabajadores con independencia política frente a empresarios y partidos patronales. La posibilidad de meter diputados de la izquierda es una gran oportunidad, que debe ser una herramienta para facilitar esta tarea, para desarrollar una perspectiva anticapitalista y revolucionaria frente al declive del kirchnerismo. Lo contrario a ser una comparsa electoralista y mediática.

 

 

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